viernes, 22 de marzo de 2013

Apuntes en hojas perdidas (I)


Ilustración  de  Catherine Alexandre


Miércoles
Cómo se hace para que las palabras nazcan entre las rayas de la hoja, en la pantalla de la pc o dónde sea, pero que crezcan y se multipliquen. Cómo encarar una sequía de palabras escritas. Cuál es la lluvia, las gotas que vivifican, que broten de adentro y humedezcan la aridez callada. Tu parte optimista te propone pensar que se están gestando en el silencio, que callan para salir después en un grito guerrero.
Este otoño no tuviste una sola historia para desenredar y le echaste la culpa a las palabras que no encontraban el camino de salida. No creés en la “inspiración”, eso abstracto que se supone surge de un misterioso punto de la mente o del espíritu y susurra cosas. La experiencia te indica que escribís respondiendo al ímpetu de una necesidad, inexplicable e impredecible.
Hoy comprendés que no hay culpas ni culpables: hay momentos para la página vacía, el silencio y la espera.

Jueves
Los miedos del tiempo te aceleran las alas y vos, frágil gorrión, vas perdiendo plumas, que caen levemente junto a las hojas del otoño. Las pisaste, mientras caminabas por esa calle bajo la bóveda ocre de los árboles, escuchaste su quejido y sentiste piedad.

Sábado  
La boca se abre y aparece una ventana negra que te mira con su ojo de cíclope ciego. Escuchás un castañeteo y ves que los dientes están temblando en un ataque de epilepsia o en una danza convulsa. Las muelas agitan las caderas, los premolares zapatean. La lengua, bien estiradita, parece la alfombra roja del Oscar. Algunos dientes se zafan del rigor de las encías y se deslizan por ella en un desfile estelar.
Te despertás sobresaltada y te acordás de que el lunes tenés un turno con el dentista.

Domingo
Nunca escribiste un diario ni te compraste un cuaderno especial que te tentara a volcar emociones, actos cotidianos, mínimos o extraordinarios. 
Únicamente lo hiciste aquel año, en un cuaderno ajeno y olvidado, ya ni  recordás  por quién. Fue una escritura catártica, cada palabra destilaba dolor. Las páginas se cubrieron de letras, se salpicaron de exiguos globitos que, con su humedad, corrieron la tinta en una acuarela desgarbada. 
Después lo abandonaste en el banco de una plaza, para que el tiempo lo destruyera o para que alguien se llevara esas palabras.


©  Mirella S.   — 2013 —











Mirándote la mano derecha mientras sujetas
la estilográfica negra que utilizas paras escribir
 este diario, piensas en Keats mirándose la mano derecha
 en circunstancias similares,
en el acto de componer uno de sus últimos poemas
e interrumpiéndose de pronto para garabatear
ocho versos al margen de la página,
la amarga protesta de un hombre sabedor
de que estaba destinado a la tumba antes de tiempo.


Paul Auster
("Diario de invierno")


2 comentarios:

  1. Hace apenas unas semanas terminé de leer "Diario de invierno", muy apropiado para el invierno particular que me ha tocado "en suerte" este año.

    Me parece que para escribir la única premisa indispensable es VIVIR, después, existen otros factores también importantes pero no TAN fundamentales...

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    1. Sí, las experiencias son las que nos dan la materia prima; después hay que buscar la forma para volcarlas, hacerlas creíbles y con un toque personal.
      Te agradezco mucho tu visita, Ana.
      Besos.

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