miércoles, 11 de septiembre de 2013

Preguntas



Ilustración de Minjae Lee


Esa noche, quién dijo la primera palabra ¿él o yo? Habrá sido él, porque no suelo ser la que rompe el hielo. ¿Y qué dijo, cuál fue la primera palabra, no la primera frase, sino absurdamente la primera palabra? Tal vez fue un saludo: “hola”. También pudo empezar con un artículo: “la noche está espléndida”, si hubiese querido entrar en conversación a través del clima, algo improbable en él.
De haber dicho: “espléndido cielo” (estábamos en la terraza de un piso alto), hubiese arrancado con un adjetivo, a los que dudo sea muy propenso. Con un sustantivo imposible, a menos que vaya precedido por un pronombre exclamativo: “qué cielo” o “qué noche”.
Pensándolo bien, se puede empezar con un sustantivo: “noche espectacular ¿no?”. Si descarto la apreciación meteorológica, lo más probable es que se haya presentado. Entonces la primera palabra fue un pronombre, “yo soy Horacio”; tal vez omitió el “yo” y dijo “soy Horacio” y la palabra inicial fue la conjugación de la primera persona en presente indicativo del verbo ser. Y si dijo sólo Horacio, fue con un nombre propio.
Un “Horacio”, cualquier Horacio, inmediatamente me remite al Horacio Oliveira de Rayuela, uno de mis personajes favoritos y me siento un poco la Maga cuando se topa con Oliveira en la puerta de un café de la rue du Cherche-Midi y se hablan por primera vez. Quizás por eso le llevé el apunte o porque tenía ojos como océanos turbulentos que contrastaban con la sonrisa melancólica.
Me quiero acordar del primer momento porque define cómo arranca una relación, si tiene futuro o no. Siempre le doy importancia a ciertas cosas tontas, como a la primera palabra y a la última de un libro y verifico si forman un sentido y, si lo tienen, creo que ese libro me va a dejar una impronta, aunque no sea bueno. Si esas palabras combinan trato de descifrar cuál es el mensaje para mí.
Reconozco que a veces hago trampa y me permito incorporar un artículo, como en el caso de Rayuela, libro que me indujo a escrupulosas reflexiones y cuya primera palabra era “encontraría” y las dos últimas “el pitillo”, aunque no pude captar el trasfondo de esas tres palabras ya que ni siquiera fumo. En cambio, el “hoy odio” de El extranjero, constituyó una puerta que me introdujo en los repliegues de mi inconsciente. En el momento de la lectura me alertó sobre emociones nada benévolas que mi mente trataba de mitigar con respuestas intelectuales.
Por supuesto, no me acuerdo de la última palabra de esa noche en la terraza. Me pidió el número de teléfono y supongo que se habrá despedido. ¿Dijo algo después de “te llamo”? Tal vez “chau” ¿le agregó mi nombre: “chau Clara?”
Si la primera palabra fue “noche” y la última fue “Clara,” no está mal. Lo mismo si dijo “soy” o si empezó con “que” o si usó un adjetivo: “bella”, “hermosa” o “espléndida” (noche) y la última fue mi nombre, “Clara”.
No recuerdo si le dije Clara, que es mi segundo nombre; el de pila suelo evitarlo cuando no tengo ganas de corregir cómo se pronuncia ni de andar explicando su origen nórdico o resignarme a que al rato lo cambien por otro parecido o se lo olviden y empezar todo de nuevo. 
Esa noche en que me sentí agasajada más por su sonrisa que por sus ojos, de cajón que fui Clara. Aunque también me surge la duda, con alguien que destila cierto misterio como Horacio, pude haber querido mostrarme diferente, con un toque de extravagancia y haberle largado mi nombre impronunciable para que se interese, para que pregunte.
Lo que me lleva a otro punto ¿cuál fue la primera pregunta? Porque un encuentro casual está lleno de preguntas, que es una manera de llegar al otro, de construir rápidamente el rompecabezas, y formarse una imagen que se irá ajustando o se irá diluyendo en cada respuesta y el personaje que se arma se acercará o alejará de lo que se estima “ideal”.
Horacio entra en esa categoría: me deslumbró porque era demasiado ideal, como si lo hubiese fabricado a mi gusto y piacere. Un pez pájaro que, repentinamente, irrumpe de lo insondable y me encandila con sus escamas de oro, con el movimiento de sus aletas vertiginosas que baten el aire. Al ejecutar unas cabriolas en el espacio, derrama el rocío del mar adherido a su cuerpo y vuelve a sumergirse en el enigma.
Puedo afirmar, casi con seguridad, que no hubo preguntas, no eran necesarias, estábamos unidos por una corriente sutil, más allá de la torpeza de las palabras. Esa energía de comunión se da cuanto menos sabemos del otro y es tan intensa y perfecta que dura un encuentro.
Tantas preguntas que me hago sirven para rescatar esa noche, mi única noche con Horacio, para convencerme de que no lo soñé en esa terraza solitaria, en la que me había refugiado para escapar de una fiesta a la que no pertenecía. Sin embargo, después de todos estos meses sigo preguntando al vacío: por qué Horacio Oliveira nunca me llamó.

 ©  Mirella S.   — 2011 —

 
Óleo de Alex Alemany





No toda pregunta merece respuesta.

Publio Siro


42 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, a partir de ahora me fijaré en las primeras palabras y me acordaré de ti.

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    1. ¡Jajaja... Tracy, juntando las primeras y últimas palabras de todos los libros que leés, hasta podrías escribir una novela!
      Gracias por pasar.
      Besos.

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  2. Las primeras palabras siempre son de cortesía, es difícil iniciar una nueva relación siendo desagradable...jeje aunque algunos pretenden usar esa otra máscara para probar sus efectos. Las últimas palabras suelen ser de despedida y dependiendo del tono pudiera ser el resumen de la velada.
    Es verdad Mirella, me has hecho pararme en la autopsia de las frases y sus significados.
    bsazo.

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    1. Conocí personas con las que tuve un inicio muy desagradable y que después se revirtió... y otras, con sonrisas y amabilidades, y después se despidieron con un portazo.
      Cada encuentro es un mundo de posibilidades.
      De vez en cuando no está mal hacer una autopsia... ¡ja!
      Gracias, Marcelo y un bsazo.

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  3. ¿Era sordomudo, quizá? Los escribidores tenemos cierta tendencia a reducir la vida a palabras.
    Abrazos, hoy especiales

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    1. Era un fantasma, un delirio. Las palabras es lo que mejor usamos, aunque no siempre (hablo por mí).
      Agradezco la especialidad de los abrazos y los retribuyo.

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  4. Magnífico relato, Mirella. Es un disfrute por la cantidad de connotaciones literarias que lleva incorporadas, sobre todo esos ecos cortazarianos tan entrañables. También a mí me hubiera gustado encontrarme con Horacio, pero...
    Te resalto esta frase tuya: "Esa energía de comunión se da cuanto menos sabemos del otro y es tan intensa y perfecta que dura un encuentro". Una frase sabia, certera como una flecha. No sé la causa de que la comunión deje de operarse con el mucho trato, quizá porque ya no nos sorprende, quizá.
    Un beso.

    P.D.- Buena pinta tiene ese libro de relatos: "Encuentros".

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    1. ¿Se nota que soy una fanática de Cortázar? Cada tanto lo releo.
      Esos momentos de comunión son tan intensos que no suelen repetirse muy a menudo; hay circunstancias y climas que los propician y cuando entra la cotidianeidad, quedan tapados o diluidos por el humor de cada uno, por las actividades que debemos atender. También tienen su dosis de idealización.
      Isabel, "Encuentros" no es un libro, por lo menos no partí de esa idea. Es una forma de ir agrupando los relatos por temas que reiteradamente vuelven a mí.
      Gracias por tus palabras y un fuerte abrazo.

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  5. Fantástico relato y exposición...
    Recordar el mínimo detalle de algún memento que desembocó en un hermosos acontecimiento es algo que no sé si hacemos todos, lo que sé es que lo suelo hacer y siempre lo provoca esa pregunta, algo que no nos cabe en la cabeza, en el caso de tu relato el no entender el porque Horacio no la llamó nunca. Bueno quizás nunca tuvo intención de ir mas allá del azar de aquella noche. si más!

    Pero el darle vueltas es inevitable.

    Un besote :)

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    1. Gracias, Nieves. Todos nos hacemos ese tipo de preguntas cuando lo esperado no se da. Pero esta chica manifiesta cierta cosa obsesiva.
      Besostes.

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  6. Es como si cada palabra desatara tormentas, de furia, o de ternura... Un abrazo.

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    1. O son la expresión de una gran neurosis... (me estoy riendo...)
      Un abrazo, Darío.

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  7. Jeje...es maravilloso cómo "te las rebuscas" para enganchar con los planteos inciales de tus relatos. Pensar en las primeras o últimas palabras de un encuentro o de un libro, para juzgarlos a partir de ello es, en sí mismo, un divertido desafío de tu imaginación creativa. Con los libros, suelo hacerlo, pero sólo por curiosidad...A partir de ahora, creo que formaré frases con esas palabras separadas por no sé cuantas hojas de distancia, y veré si el resultado de unirlas en composición me anima a leer toda la obra! Abrazo, e complimenti!!!!

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    1. Es un buen sistema, te lo digo por experiencia (¡ja!).
      Probalo y después me contás.
      Gracias por pasar, Patzy y un gran abrazo.

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  8. Vaya análisis el suyo!!! (Sonrío) Al principio te seguía como si estuviésemos en terapia- psicológica jaja. Ahora estoy pensando si he dicho ciertas palabras.
    Es gratificante el poder de la mente Mirella.
    Muy bueno.
    Besos
    Cuando encuentre un Horacio, cualquier Horacio, pensaré en ti.

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    1. Vivian, por lo menos el cuento sirvió para que te autoanalices... ya es un logro para el autor... jajaja...
      Espero que también encuentres pronto a un Horacio que te haga sentir como a la prota del relato.
      Un placer volver a tenerte por aquí.
      Abrazote.

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  9. Genial Mirella, sencillamente ... genial. El juego con las palabras, la palabra como soporte de la memoria, el remate ...
    Me encantó.
    Beso!!!

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    1. Qué suerte, gracias Flor por tu estímulo; no es un cuento actual, será de hace un par de años, pero lo trabajé mucho en su corrección.
      Besos.

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  10. "Por qué?" Tremenda cuestión, no? Ante la desilusión, la pena, la intriga, la curiosidad... Y ese mix muy bueno que lograste evocando a Oliveira. Me gusta la forma en qué te estás desafiando. La búsqueda nunca termina y sin dudas es fenomenal. Un abrazo, Mirella!

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    1. La búsqueda de nuevas expresiones es una constante. Cuando empezamos a sentirnos cómodos con nuestra forma habitual, hay que preocuparse.
      Estoy en esa fase. Y hasta que no aparece esa vuelta de tuerca en la escritura, uno se siente que está en el aire.
      Gracias Bee, por acercarte y por tus opiniones positivas.
      Besotes.

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  11. cuánto caos en la protagonista, supongo que a muchos les ocurre
    aunque no siempre se respondan
    pero muchas de las preguntas vuelven a lo largo de la vida a hacerse


    abrazos y feliz jornada

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    1. Un caos bastante neurótico, eso traté transmitir en esa preguntas compulsivas.
      Cuando no hay respuestas, la pregunta queda flotando.
      Gracias, Elisa y un beso grandote.

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  12. Pobre Horacio!... No se puede presionar tanto a un hombre por el detalle de una palabra mas o menos. O que dijo o dejó de decir. Un poco mas y se arroja al vacío desde la terraza. Y menos compararlo con un loco como Oliveira que andaba por los puentes de París, buscando a una ciruja uruguaya llamada Lucía que decía ser maga. No te preguntes porque no te llama. No te volverá a llamar.
    ¿No sería el Horacio, poeta lírico y satírico romano?

    abrazo

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    1. Horacio Oliveira, un loco lindo. Los nombres tienen una energía especial, no conocí demasiados Horacios, pero tienen la costumbre de desaparecer. Crean expectativa y se van.
      Ya no hago preguntas.
      Abrazo, Lucrecia.

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  13. Respuestas
    1. Gracias ReltiH, creo que sos demasiado generoso (risas).
      Contenta por tu visita, te dejo un abrazo.

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  14. Aparte de la lección de morfología y sintaxis, un relato muy original y sugerente.

    Masbesos

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    1. Una alegría que te haya gustado. Grecias por los adjetivos.
      Bienvenida, con un abrazo.

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  15. Pues me ha gustado esa forma de ir creando expectativas que se quedan en nada, lo que se dice divagar sobre un espejismo. Y sí, un poco neurótica es la cosa con tanta gramática por medio, pero claro tratándose de una escritora no podía ser menos (ríome).
    A alguien normal (porque los escritores somos unos anómalos todos) pues le habría dado por hablar de la mirada, de la sonrisa o de las manos del tipo, pero tú pareces una entomóloga matizando palabras que pudieron ser, como si fueran alas de mariposa.

    Cortázar, sí, es la bomba. (Se te nota en la mirada que vives enamorada, que dice la canción).

    Y bueno, que me gustó esa pulgarada de locura, te sienta bien.

    Vine porque no vi moros peleones en la costa, y espero no tener que sacar la cimitarra, jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.

    Besos, Mirellísima.

    Namasté.

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    1. Es que todo está escrito, Morg, hay que buscar otras puntas.
      Además no me reconozco romántica. Los que escribimos somos especímenes raros y yo lo soy (y a mucha honra... jajaja).
      Por favor, por favor, la cimitarra no, guardala en el placard.
      Abracísimos.

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  16. Vaya analisis Mirella...
    Me ha gustado mucho.
    Carlos con muchos abrazos.

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    1. No Torito, en el siglo XXI se muere de otras cosas; y creo que antes también, los románticos eran todos tuberculosos.
      Gracias y un beso.

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  18. feliz comienzo de semana MIrella
    mil gracias por tu huella
    abrazos y energías

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    1. Gracias Elisa, también para vos.
      Aquí, con frío y pasados por agua.
      Besotes.

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  19. Me gusta como tejiste sustantivos y adjetivos, como desglosaste las frases, eres como una especie de detective de la lengua jaja.
    Un abrazo Mirella.

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    1. Matthy, me gustó mucho eso de ser 'detective de la lengua'; de alguna manera hago un trabajo detectivesco con las palabras, sobre todo cuando me doy cuenta de que no fluyen demasiado.
      Muchas gracias por pasar y otro abrazo para vos.

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  20. Estoy seguro que Horacio existe y que esa noche también huyó de una fiesta a la que no pertenecía. Estoy seguro que se apoyó sobre la baranda del balcón. Estoy seguro que sacó del bolsillo interno de su saco un paquete de Marlboro. Estoy seguro que mantuvo una conversación inaudible con una dama le dio su segundo nombre, porque el primero era complicado y no era momento de explicaciones. Estoy seguro que memorizó un teléfono al que nunca llamaría. Estoy seguro que esa dama nunca existió.
    Un beso grande

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    1. Me resulta muy interesante ver el punto de vista masculino de la historia. Qué pensaba Horacio esa noche en la terraza.
      ¡Muy bueno como lo relataste! ¿Escribís ficción?
      Gracias por tu comentario tan original y por pasar por aquí.
      Un abrazo, Alejandro.

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  21. Es posible que el pobre Horacio haya vislumbrado lo complicada que es esta mujer, ja. Por Dios. ¡Si hasta se pregunta por preguntas que luego asegura que no hubo! Casi juraría que ese encuentro fue un monólogo de ella, por eso no se acuerda de qué dijo el hombre, si es que este pudo meter algún bocado.
    No sé si tu historia iba por el lado en qué la interpreté, pero la disfruté de ese modo.
    Saludos.

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    1. Claro que la interpretaste, Raúl. Me alegro que hayas disfrutado la neurosis de la protagonista... jajaja...
      Muchas gracias por acercarte.

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