viernes, 16 de octubre de 2015

Apuntes en hojas perdidas (IX)



Si el cuerpo es frágil y la voluntad poderosa, es inevitable que el cuerpo termine derrotado.

Los huesos, la carne, la piel de leche, las venas como telarañas azules, se debilitan, se convierten en un hotel decadente que aloja a pensionistas perniciosos que invaden cada una de las habitaciones con sus pestes y miserias.

Voluntad resiste, presenta batalla, mientras el cuerpo se deteriora, se encorva, se arrastra, se vuelve lombriz y anhela el cobijo de la tierra, su aroma a greda humedecida por el amanecer. Voluntad, implacable, lo sacude, le ofrece decenas de motivos para que se levante y continúe.

Cuando ve que no lo consigue, que el cuerpo ya no responde a ninguna directiva, que es apenas una carcasa a punto de desintegrarse, Voluntad se desespera, se culpa por su exigencia, se congela. De a poco se resquebraja como un muro afectado en sus cimientos. Se derrumba junto al cuerpo que, con sus últimas fuerzas, busca atravesar los terrones, hundirse en su blandura.

Las teselas desmenuzadas de Voluntad lo cubren en un túmulo protector. Finalmente ha comprendido, también podrá descansar arrullada por el susurro musgoso de la lluvia, por la brisa que le trae las canciones de ríos secretos.

©  Mirella S.   — 2015 —

Arte digital de Paula Rosa




viernes, 9 de octubre de 2015

Cavilaciones




Te sentís envejecida y no es solamente cuestión de años. La vida te va diluyendo en matices abstractos. Te empuja hacia adelante para terminar en el mismo punto de partida: una noche de agosto que no querés recordar ni olvidar y que flota en tu memoria como un cadáver hinchado en una ciénaga. Quedó a medio hundir, aún asoma su putrefacción, siempre a medias, no se va y emerge cuando menos lo esperás.
Leíste que la rabia es un gran consuelo. Falso. Puede servir al principio, después, si se instala, te carcome como una polilla angurrienta en un canibalismo espiritual improductivo.
Como si fuera poco, ahora se le agrega lo físico, que encaraste con un tratamiento no tradicional al que resultaste alérgica: una en un millón y te tocó a vos. Las inyecciones en el abdomen embadurnan su palidez con ronchas enormes, que viran del rosa oscuro al violáceo, duelen, pican e, impertinentes, se estiran por toda la panza.
Tu destino sería la cama, un sitio del cual escapás. Tus últimos escritos se refieren exclusivamente a hechos tristes que ocurren en dormitorios. Por eso preferís apoltronarte en el sofá, ubicado junto a la puerta ventana que da al balcón. Desde allí observás la amplitud del cielo, sentada también alcanzás a ver el fragmento del río que no ha sido ocultado por la proliferación descontrolada de torres.
Te preguntás en qué devino este blog que el mes próximo cumplirá tres años. De los relatos iniciales no quedan rastros y cada vez más se asemeja a un diario ambiguo de tus estados anímicos y corporales. Tenés la necesidad de compartir virtualmente aquello que nadie sabe de vos en la realidad, salvo esa amiga de oro.
Qué pasó con la tana reservadísima, de mirada intensa y sonrisa gentil, que ahora desviste sus emociones en un striptease sin sentido, ni siquiera literario. Expone su miedo, la incertidumbre, la decepción, la melancolía que la conduce de la mano y no la abandona, el escepticismo que nunca experimentó y que ahora la envuelve en un halo amargo. Quién es esta que aparece.
No podés escribir sobre otra cosa y te estás planteando la posibilidad de no publicar más hasta que salgas de esta jaula, encuentres temas que te saquen del ensimismamiento y que tu ombligo enronchado deje de ser tu limitada visión del mundo. Hay demasiado dolor afuera como para añadirle tus egoístas gotas de hiel.
A través del vidrio comprobás que ha regresado una especie de golondrinas -de la que desconocés el nombre-, que todos los años vienen para esta época. Son pequeñas, revoltosas e incansablemente vuelan en círculos. ¡Ojalá logres escribir algo sobre ellas!
©  Mirella S.   — 2015 —