miércoles, 9 de enero de 2013

Elección

Acuarela de Doris Joa



Terminar el libro o preparar el relleno de las empanadas. Siempre la misma disyuntiva: el mundo de las ideas versus el prosaico del estómago. Ella no logra que coexistan, sus prioridades no coinciden con lo cotidiano. Después viene la culpa que le arruina el momento posterior a la lectura. Con el libro abierto está a salvo, entra en otro tiempo, las necesidades materiales se vuelven irrelevantes. El conflicto comienza al cerrar sus tapas, cuando lo devuelve al estante y tiene que desprenderse de ese encantamiento de sirena que ha ejercido en ella.
Anda a los topetazos en ese continente de todos los días, con su geografía de dolores y olores, de días de humedad y pelo que se encrespa, de tintorerías y supermercados (el del chino es más barato, sugiere la vecina, con la practicidad de la experiencia); y ella siempre subida a su nube particular, que la transporta a territorios fértiles de pensamientos y emociones. 
Después termina aterrizando de golpe —como ahora— queda aturdida y hay que reubicarse en la cocina y comprobar que se le ha quemado la carne, la cebolla está cruda, que se olvidó de agregarle las pasas de uva, descarozar las aceitunas y que de un momento a otro vendrán los invitados.
Será un verdadero desafío presentarse con una bandeja conteniendo el libro y leerles ese capítulo que la fascinó tanto.


©  Mirella S.   — 2012 —

               


         
              

                     
Ya no temía la penetración 
del absurdo
en la geometría del sentido común. 

                           Alessandro Baricco                                        
       


domingo, 6 de enero de 2013

La diosa y el guerrero


"Venus y Marte" de Sandro Botticelli



El guerrero duerme, la boca entreabierta, la cabeza caída hacia atrás; en el cuello musculoso la energía pulsa con un ritmo más apacible. La diosa lo observa,

serena, casi humilde. Sabe que en el sueño del guerrero están ella y los pequeños cupidos traviesos, con los arcos listos, aguardando el instante oportuno.

Y el guerrero yace inerte, en una  entrega casi total y se somete a ser sólo el soñador y no el soñado. Está a punto de despertarse cuando diminutas flechas le rasgan la piel y le inyectan el néctar de la diosa.

La soñada se despoja de la túnica de gasa: el cuerpo es mármol esculpido y el guerrero en su sueño la anhela, la busca, pero no la encuentra. Ella ríe con una risa de pájaro, escapa del sueño y se queda mirándolo desde el otro lado de la noche.

El guerrero despierta, resbala por la seda de las sábanas, se incorpora, se apoya en un codo y a través de los párpados, aún pesados y soñolientos, reconoce la curva de la espalda de la diosa, recostada junto a él. Se inclina y espía la belleza inmortal de su cara. Ella duerme y sonríe. ¿Estará soñando con él?

La diosa percibe a su alrededor la tensión de la testosterona que bulle. Se hunde en un sueño de placer, gozando con anticipación que se concreten las imágenes: ella es una supermodelo y en la misma cama está el soberbio David Beckham, esperando que ella le permita entrar en su sueño.

©  Mirella S.   — 2010 —




                                                                       



Verdad son los sueños 
 mientras duran,
pero, ¿qué es vivir
sino soñar?


Alfred Tennyson