martes, 4 de diciembre de 2018

El desarraigo de los tulipanes




El cuaderno, clausurado por telarañas y polvo, cayó al piso mientras Emiliano removía el estante alto del placar del dormitorio. Lo alejó con el pie, su atención puesta en destrabar la tabla. La cabaña estaba en peores condiciones de lo que le había parecido cuando la vio por primera vez. Él se las ingeniaría en convertirla para Lola en su hogar soñado.
Era habilidoso y rápido. Lola llegaría en tres semanas. Iba a sorprenderla, sabía sus gustos: mucho color marfil. A las puertas, las contraventanas y al exterior de troncos les lavaría la cara con una buena capa de barniz. Y dignificar la madera de los pisos con una pulida a fondo.
Dos habitaciones, una cocina angosta y una esquirla de baño: es todo lo que te permite tu presupuesto, por algo se empieza, se dijo. El moño del regalo va a ser el panorama, las montañas verde azul de la precordillera y el bosque, con la luz de la tarde que se estanca en los pinos. Hasta conseguiste un laburo y pronto vendrá Lola, qué más podés desear.
La primera semana fue de rasqueteo, lijar mugre y pintura, que de tan vieja se caía como una cáscara, desnudando las piedras angulosas que revestían las paredes del comedor.
A quién se le habría ocurrido pintar esas lajas, le daban un toque rústico al interior. Pero a medida que las limpiaba vio las grietas que atravesaban las piedras. Emiliano las recorrió con los dedos y sus yemas temblaron ante el contacto, como si percibieran la vibración de algo vivo que salía de ellas.
A la noche, con la fatiga estrujándole los músculos, se metió en la bolsa de dormir. Los ojos no querían cerrarse, vueltos hacia la negrura infranqueable del cielo patagónico.

Se olvidó del cuaderno, hasta que las pajas de la escoba golpearon algo duro y Emiliano se agachó para ver: a las telarañas se le habían pegado escamas de pintura, formando un nido. Lo sacudió y asomaron unas tapas arqueadas por la humedad. Les pasó un trapo y abrió el cuaderno.
Las hojas tenían el color y la consistencia del cuero; de las rayas brotaba una letra desvanecida en el tiempo. Había algunas fechas, como si fuese un diario, pero sin el año. Lo apoyó en el cajón de manzanas que le servía de silla y lo hojeó a la hora del sándwich. Lo que leyó le resultó misterioso.
No pudo darse cuenta si lo escribía un hombre o una mujer. Seguramente una mujer, los hombres en el mundo de Emiliano no se dedican a escribir diarios, acá hay que laburar, este palabrerío no sirve para llenar la olla.
Esa tarde hizo varios recreos; permanecía junto a la ventana del oeste y miraba, sin ver, la silueta de los pinos contra un cielo violento de nubes. Después de la cena austera, recorrió varias veces los escasos cuarenta metros cuadrados de la vivienda y trató de descifrar la inquietud que lo llevaba a esa inercia. Voy a ponerme las pilas, mañana lo dedicaré a las rajaduras y si no quedan bien, no habrá más remedio que pintar. Tonos marfil, para Lola.
Por fin se acostó, acercó el sol de noche y abrió el cuaderno:

 “17 de mayo. Sigo en el intento de descubrir aquello que está en mí y digo que no soy. Que me constituye pero al que no tengo acceso, como si estuviera prohibido (¿por mí?).
Si lo logro cabe la posibilidad de que las verdades que diseñé minuciosamente se derrumben, entonces quedaré suspendida en el aire, sabiendo que en cuanto pierda concentración o abandone el control caeré en un limbo, permaneciendo en un estado como el del sueño, donde todo es permitido porque se olvida…”

Era una mujer nomás, una de esas colifatas tragalibros a quien el aire de la montaña había trastornado. Emiliano apartó el cuaderno igual que si fuera una alimaña peligrosa.
Qué embromar, a mí me importan las cosas de todos los días, no me hago preguntas que no sé contestar, soy práctico, un flaco común, sin pajaritos en la cabeza, como polenta y arroz para ofrecer a Lola lo mejor que esté a mi alcance y quiero transformar esta casucha vieja y solitaria en algo tibio. Mi única preocupación es cómo voy a pagar el préstamo. Soy lo que soy y no me interesa saber lo que no sé que soy.  No tengo tiempo.
Emiliano sintió un furor ardiente, desconocido en él, siempre tan manso. Miró el cuaderno que yacía en las sombras, no le pudo echar la culpa de su rabia.

Avanzó poco en el trabajo. La demora provenía de las fisuras: se habían agrandado y por más que les metía la mezcla, que empujaba con la punta de la cuchara para llegar hasta el fondo, el relleno parecía ser absorbido por una boca ávida y no conseguía llevarlo al nivel de la pared. Hasta que la mezcla se le acabó y las grietas siguieron expuestas. Heridas que no cicatrizaban. Las entrañas de las rajaduras están vacías, tienen hambre y yo les doy mi comida. Empezó con la pintura en el comedor. Al blanco de la lata le agregó un chorrito de ocre. Mientras lo revolvía vio que iba a quedar muy oscuro. Un asqueroso color mierda. ¡Sobre llovido, mojado! gritó con voz ronca. Pintó furiosamente tres paredes, lo voy a aclarar con la segunda mano, dijo. Abandonó antes de lo previsto y fue a sentarse en un tronco en la parte de atrás de la casa. Sostenía el cuaderno, no recordaba haberlo tomado. Leyó:

 “8 de junio. No hay verdades sino microscópicas construcciones mentales, ladrillos apilados de un muro que me preserva y le da sentido a cada acto, a cada afirmación (o negación). ¿Qué pasa si los ladrillos se desmoronan?
Tengo pánico por todo lo que pueda destruirse, pero también por lo inmutable. Habría un abismo negro que me tragaría, quedando a merced del vacío (vuelve la extorsión del vacío). Esporádicamente tiro algunos ladrillitos, los reemplazo por otros, y después del dolor que me dejó el pico o la maza al derribarlos, sobreviene esa felicidad absurda, porque me digo (y le digo al mundo): hice trizas lo que se cristalizó, me transformé, soy algo nuevo.
Otras reglas, otro orden, otras mentiras (siempre la misma estructura)...”

Emiliano, con una opresión en el diafragma, entró en la casa, miró el horror de las paredes. Si me apuro todavía lo puedo arreglar.
Sin embargo, el resto de la tarde merodeó adentro y afuera de la casa, sin tocar nada. Los bordes de los objetos por momentos se esfumaban y en otras ocasiones chocaban contra su cuerpo. La casa no me quiere, pensó, la casa pertenece a la mujer del cuaderno.
Bajó al pueblo, entró en el único locutorio y mandó un mail a Lola. “No avanzo en los arreglos, la cabaña tiene más problemas de los esperados, no sé si estará lista para la fecha que pensamos. Creo que voy a tener que trabajar en la maderera antes. No vengas por ahora. Te extraño.”
Abrió algunos de los muchos mails de Lola, con sus emoticones sonrientes y florcitas. Leyó frases sueltas, la boca apretada y el corazón frío como un molusco.
Dio una vuelta por el pueblo, hubiera querido preguntar a alguien sobre la cabaña, por la mujer que había vivido allí. Al ferretero, tal vez, un hombre viejo y conversador. Necesito más pintura blanca ¿me la fiará? Mañana voy a la maderera, trabajo unos días, pido un adelanto.
Con la cara hosca tomó el camino que subía hacia las afueras y lo arrastraba hasta la casa. Hasta el cuaderno.

“29 de agosto. El aislamiento y el desarraigo, no sé en qué orden, labran estas frases en una lengua que no es la mía, que aprendí laboriosamente. Da lo mismo cuál use, para ciertas intuiciones no hay idioma, incluso las palabras estorban y nunca terminan de decir lo inexplicable.
 Sin darme cuenta resbalé de una ciudad a otra, bajando de un hemisferio al otro, de lo pequeño y ordenado hasta casi los confines de la tierra, que resultaron tan vastos que ahogan más que los canales de Ámsterdam.
El espacio, todo este espacio para una mujer sola, en esta casa, con mi vaca, los pollos y dos perros sarnosos. Ah, y la montaña sagrada, su cuerpo irrefutable que se acerca al cielo y establece la última frontera que deberé acatar…”

Por la mañana no se levantó al amanecer según lo había planeado para hablar con el capataz. De pronto la casa era un útero que lo cobijaba y también lo atrapaba. Nunca se había puesto a reflexionar sobre sí mismo, a verse como si estuviera mirándose desde una ventana. Es la soledad, la falta de Lola lo que te ablanda el cerebro. Entonces se dio cuenta de que hacía días que no pensaba en Lola.
Una tarde tuvo frío, no el del invierno (era un febrero tibio), otra clase de frío. Limpió la chimenea que estaba en la cuarta pared del comedor, la que había quedado sin pintar y aún exhibía las piedras mohosas. Juntó ramas y el fuego crepitante le produjo una imprevista alegría, la alegría primitiva y cándida de cuando sos un pendejo y te creés todo lo que te dicen los adultos, ellos son los que saben, los que te enseñan cómo tenés que ser. La intrincada danza de las llamas, el calor que esparcían, el grato aroma de la madera al quemarse barrieron las preocupaciones de ser grande.
Ya había ido al pueblo para enviar un mail a Lola, sin besos ni nostalgias, un escueto no vengas, estoy atrasado. Emiliano.
Leyó el cuaderno entero. Seguía sin captar su contenido, pero cosas nuevas circulaban por los intestinos de su mente.

“16 de octubre. Cuando se dice salir al mundo ¿a cuál salgo, al de los demás? Sí, pero como el caracol voy con el mío a cuestas. No salgo desde la inocencia. Y desde mi mundo miro al de los demás. Amo a los que se me parecen o escapo si están en mis antípodas. Lo diferente, lo que no entiendo, me da miedo.
¿Cómo será ver desde los ojos de los otros? No a partir de la ínfima comprensión que consigo tener, sino con la más absoluta insensibilidad, que se convierte en una sensibilidad suprema porque me aísla de la contaminación de mis emociones, de las oscuridades caóticas que me dominan…
Si esto hubiera sido factible, si no hubiese mirado desde el anhelo de mis ojos, no habría traído a estas tierras mis bulbos de tulipanes, impropios ya de tanto viajar y no los hubiera sometido al exilio que me impuse…” 

Emiliano buscó dentro de la mochila y sacó una birome. Aún había hojas sin escribir en el cuaderno. Con su letra despareja, anotó:

“12 de febrero. El desarraigo de los tulipanes me acerca a la tierra, también a esa mujer que quiso plantarlos…”                          



©  Mirella S.   — 2011 —




44 comentarios:

  1. Inquietante post. Esa cabaña est´maldita, Pobre Lola, ajena a las reflexiones, los desvaríos del tipo. Ese bolígrafo, nate las páginas en blanco, retoma un hilo de omirismo e irrealidad, a través de tulipanes imposibles.

    Muy buen post. Un abrazo grande en la anoche

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    1. Hay mucha metáfora en este relato que escribí hace varios años. Cada lector sacará sus conclusiones y hará su propia lectura.
      Gracias, Albada, me alegra que te gustara.
      Besos de atardecer soleado.

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  2. He quedado tratando de imaginar que sucede en esa casa y en la cabeza del protagonista...
    Es un intrincado misterio, ya desde el cuaderno brotan sensaciones que parecen haber dominado al joven. Y esas grietas que absorben con una sed que nada calma, se han unido para complicarle la vida y no dejarlo ser feliz con su pareja. Voy a volver a leerlo. Un abrazo estimada Mirella.

    mariarosa

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    1. Alguien que vive el día a día sin hacerse demasiadas preguntas más "existenciales", de pronto, en la soledad de la nueva vida que se está construyendo, encuentra un cuaderno y palabras que lo ponen en crisis.
      Las grietas en la pared son más metafóricas que reales, forman parte de esa ruptura interior que se produce en Emiliano.
      Te agradezco mucho que lo hayas leído, Mariarosa, sé que no es un texto fácil. Lo escribí hace siete años cuando iba a un taller literario y no gustó. Sin embargo, con todos los defectos que pueda tener, yo le tengo cariño, por eso decidí publicarlo.
      Un abrazo grande.

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  3. ...y es que a veces las casas se impregnan de sus habitantes...y las historias de los otros nos hacen cuestionar la nuestra ...
    Magnífico relato con el que nos haces pensar sobre la seguridad de nuestros pensamientos y haceres...

    Un abrazo Mirella

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    1. Exactamente, diste justo en la tecla, ese es el núcleo, el resto es literatura.
      Muchas gracias, guapa, con un abrazo enorme.

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  4. Las leyendas que hablan de casas en las que sus antiguos habitantes dejaron una sensación poco perceptible pero que se huele y como son leyendas admiten mucha literatura, cuando hablamos de un relato pasamos de la casa al personaje, que se ve abstraído por una lectura, una lectura que se apodera de el. Gracias y un abrazote

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    1. No soy supersticiosa, yo me mudé muchas veces y sí notaba que en algunas viviendas había un ambiente más denso, que las cosas no fluían: roturas, demoras, inconvenientes de distintas índoles. Eso, más el cambio tan grande que debe encarar Emiliano en su vida y las enigmáticas palabras del cuaderno, influyeron en él.
      Mil gracias por tu constante presencia en cada post.
      Abrazotes, Ester.

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  5. Muy enigmático pero lo he sentido muy cercano. Haciendo preguntas y escribiendo, algo de eso tengo mi querida amiga. Y sabes, hoy escribí algo que publiqué y teclee dos fechas que también has tecleado: mi cumpleaños y el de mi padre.
    En verdad lo he disfrutado muchísimo mi querida Mire.
    Beeesos y abrazos.

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    1. Me alegra de verdad que no te haya resultado un plomo este relato, es muy largo y tal vez con ciertas complejidades, pero tenía ganas de publicarlo debido al rechazo que produjo en un taller literario hace años.
      Todavía no leí tu entrada 1984, que haré apenas pueda.
      Un gran abrazo y beeesos, querido Gildo.

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  6. Un extraordinaria historia que mezcla "la vida propia" que tiene la cabaña con las propias inseguridades del protagonista, que quedan al descubierto al encontrar el diario escrito por una antigua habitante.
    ¡Muy buen cuento!

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    1. Hiciste una reseña super matemática y que va directo al meollo de la historia.
      ¡Muchas gracias, Osvaldo! Contenta de que haya gustado.
      Un abrazo.

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  7. A veces necesitamos vernos en el espejo de otro para reconocernos. Yo creo que eso es lo que le ha pasado a tu protagonista. En la soledad de la cabaña, ante las palabras de una desconocida, se ha encontrado a sí mismo.
    Fantástico cuento, te felicito.
    Un abrazo

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    1. Así es, el personaje en su vida era un hacedor, organiza y resuelve problemas del mundo exterior y se ha olvidado de sus propias necesidades y deseos. En la soledad patagónica empieza a conectarse consigo mismo.
      Muy agradecida por tu lectura y por el comentario, Ana.
      Un fuerte abrazo.

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  8. Hola Mirella, en tu relato fundes dos personalidades distintas, muy distintas y que curiosamente en el cierre final una se contagia de la otra haciendo pasar de la la vida sencilla de Emiliano centrado en sus tareas, a un cierto existencialismo que asoma a raíz del contacto "epistolar" en forma de diario con la anterior moradora de la cabaña. No sé qué es mejor si pensar mucho, o pensar un poco menos y vivir más felices centrados en las rutinas diarias, ja ja ja. Emiliano desde luego parecía feliz peparando el nido amoroso :-). Un gusto leerte y degustar tus letras. Un cariñoso abrazo.

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    1. Creo que ni tanto ni tan poco... es bueno buscar un cierto equilibrio entre el afuera y el adentro. La mujer se excedió en sus elucubraciones intelectuales, probablemente debido al aislamiento, a su extranjeridad y por tener una mente inquisitiva.
      Tampoco es positivo desconocerse tanto como Emiliano, no saber sus verdaderos anhelos, que empiezan a surgir estando a solas y en contacto con las inquietudes que perturbaban a la antigua habitante de la cabaña.
      Mil gracias por tu jugoso comentario, Miguel. Un placer que te haya gustado.
      Un enorme abrazo.

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  9. A menudo nos pensamos y hasta llegamos a creernos dueños de nuestras palabras, y si bien en cierto modo lo somos, no nos pertenecen del todo o nada en cuanto las palabras de otros dejamos que decidan sobre las nuestras. Y así, y por estas y tantas otras razones, las palabras tanto las nuestras como las del otro, van aprendiendo a amilanarse y a guardar silencio...
    De nuevo un relato magistral de los tuyos, Mirella.
    Besos, Bella Dama.

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    1. Según como se mire, Zarcita, porque también las palabras de otros pueden servir para despertar pensamientos y sentimientos que teníamos muy ocultos por estar desconectados con nuestros propios deseos y actuar como máquinas. Así lo imaginé a Emiliano.
      Por supuesto que siempre hay que pasar por el propio cedazo otras ideas e incorporar lo que realmente nos calza.
      Gracias, hermosa, me alegra que te vayas conforme con el texto.
      Besazos.

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  10. Hola Mirella. En tales confrontaciones el demasiado vacío es fácilmente vencido y dominado por el demasiado lleno...Me encanto. Un fuerte abrazo.

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    1. Una conclusión muy acertada, Eric. Estando a solas, un poco perdido, encontrar tantas preguntas y conclusiones abstractas en ese cuaderno, pone en crisis el vacío interior de Emiliano, colmado solo de acciones rutinarias y deberes.
      Muchas gracias por tu aporte.
      Un abrazo.

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  11. Hola Mirella, no lo dejaras así? Me imagino que la historia continua.Como siempre tu escritura me gusta mucho.Lo voy a volver a leer despacio.Besos

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    1. Mil gracias por la doble lectura Elisabeth, pero no hay continuación, es un texto viejo. Creo que sería bastante aburrido conocer los pensamientos de Emiliano.
      Me da gusto que quisieras más.
      Besos.

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  12. Es un gran choque el del tipo simple y práctico y el de lo que queda de la mujer que todo lo sueña.

    "El aislamiento y el desarraigo, no sé en qué orden, labran estas frases en una lengua que no es la mía, que aprendí laboriosamente. Da lo mismo cuál use, para ciertas intuiciones no hay idioma, incluso las palabras estorban y nunca terminan de decir lo inexplicable."

    Y, pese a que el tipo se veía absorbido por la casa, no esperaba que fuera a continuar con el diario, me parece todo un giro.

    Yo este relato me lo hubiera llevado derechito al género de terror, pero tú lo haces realista y así produce otras sensaciones al acabar de leer. Es muy interesante: con una casa con alma propia y un diario que parece su memoria, y con ese contraste entre elementos típicamente masculinos y femeninos. Casi lo más fantasioso me parece un hombre sencillo inspirado con el tiempo a escribir sus pensamientos. Un placer leerte.

    ¡Un abrazo! ^_^

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    1. El género de terror no es lo mío, a lo sumo en algunos relatos pueden aparecer unos toques fantásticos.
      Creo que ciertas energías muy intensas permanecen en los sitios en que se originaron, no como fantasmas, sí como vibraciones energéticas. Y un tipo simple como Emiliano, que intenta iniciar una nueva vida en un lugar casi desconocido y apartado, puede engancharse en ideas que nunca pensó le podían interesar. Momento y lugar propicios.
      Muchas gracias, Marta, por leer y dejar tus impresiones.
      Un gran abrazo.

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  13. Interesante esta propuesta sobre una "casa encantada" que atrapa a sus habitantes en una espiral de reflexión e introspección. Me ha gustado mucho el halo de misterio que le has puesto.
    Me pregunto quién será la próxima víctima.
    Un fuerte abrazo.

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    1. No me parece que los resultados de esa introspección puedan ser tan malos. Al contrario, quizás se dé cuenta de lo que realmente quiere en la vida, si ese lugar es para él, si fue una decisión apresurada irse tan lejos.
      Gracias, linda, por pasar y contenta de que te haya atrapado el clima de misterio.
      Otro abrazo grandote.

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  14. La historia me pareció mágica, brillante y poderosa, pero debo confesarte que me produjo un gran placer en lo literario, a pesar del rechazo que, según decís, tuvo en un taller. Creo que, más allá de la complejidad, se impone la tensión entre los dos modos de ver el mundo de los personajes (Emiliano y la desconocida que escribe el cuaderno) y la forma en la cual se resuelve. Desde mi humilde opinión, la fuerza de este texto reside en el valor de amalgamar el realismo, la fantasía y la intuición en este objeto lingüístico cerrado, único, de un modo tan intenso y tan perfectamente ensamblado que conmueve. Una maravilla de cuento, Mirella. Me fascinó.
    Ariel

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    1. Me reconforta todo lo que me comentás, Ariel. A este relato, no me preguntes por qué, le tengo afecto. En general no me gusta demasiado lo que escribo, no quedo nunca del todo conforme. Cuando iba a ese taller literario, la coordinadora propuso que eligiéramos un cuento para hacer una pequeña edición de fin de año. Yo presenté este, que obtuvo muchas críticas y me pidieron que con todo el material que tenía, buscara otro. Ante esa actitud tan categórica de las compañeras, decidí que no iba a participar del libro y me retiré del proyecto.
      Así que muchas gracias por tus elogiosas palabras, querido compañero de letras.
      Un abrazo enorme.

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  15. Hola Mirella me gustó la oportunidad que le diste a tu relato a pesar del taller y es que hay sentimientos que son intensos con algunas de las letras que se escriben, verdad y no importa tanto si gustó o no en el taller sino lo que tú querías expresar con él.
    Me gusta esa reflexión, ese cambio que provoca el diario de la mujer y es que a veces necesitamos que venga algo desde fuera para provocar el cambio interior que necesitamos, porque cambiar da miedo.
    Un beso enorme

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    1. Mi mayor duda para la publicación del relato en el blog era su extensión. Antes escríbia mucho más largo.
      Me satisface que te haya gustado el contenido y las reflexiones que deja (a cada lector la propia) y te agradezco el comentario, Conxita.
      Un gran abrazo.

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  16. La fuerte esencia de la casa cambio a Emiliano como lo hizo con la que escribió esas notas en el cuaderno produciendoles grietas a su yo interno haciéndoles desviar de los propósitos que los llevaron a habitar esa cabaña.
    Siempre he creído en la esencia que poseen las casas.

    Me gusto mucho el relato.

    Saludos y fuerte abrazo.

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    1. Yo que me mudé infinidad de veces sé lo que se percibe en algunas viviendas. Hay algunas en las quedó mucho dolor y otras en las que uno se adapta de inmediato.
      Me alegra que lo disfrutaras, Euge, muy agradecida por tu visita.
      Un enorme abrazo.

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    2. Comparto tu opinión y la historia que escribiste, me deja pensativa.
      Muy interesante.
      Besos 🌹

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    3. Qué bueno que te dejara pensativa, eso para el que escribe es una gran satisfacción.
      Gracias, Karin, con un fuerte abrazo.

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  17. ·.
    Si bien comencé con el trío de cuerda, que me encantó, lo que ya me subyugó fue tu relato.
    Me reconocí parcialmente en Emiliano y, sobre todo, en la protagonista del relato.
    Creo que escribes muy bien pero esta vez te has superado. El relato atrapa y te obliga a releerlo, para mayor disfrute.
    Un abrazo. Mirella.

    LMA · & · CR

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    1. ¡Gracias Alfonso, qué hermoso comentario me dejaste! Todos, en ciertos momentos de nuestra vida, especialmente de muy jóvenes, somos un poco como Emiliano: actuar, resolver problemas, vivir sin fijarnos demasiado en lo que nos pasa. Para una maduración y para equilibrarnos internamente, a veces, se necesita una crisis.
      El cuaderno de la antigua habitante de la casa, fue el disparador para Emiliano.
      Me alegro enormemente que también te gustara el trío de cuerdas.
      Un fuerte abrazo.

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  18. Hola Mirella, encuentro tu cuento extremadamente enigmático y eso me encanta. Lo leí un par de veces tratando de ponerme en la piel de Emiliano, su soledad y contradicciones, pero también en la de la casa quien pudo habitarla anteriormente. Ese correo sin dramatismo alguno que manda a Lola...
    Un abrazo y buena semana

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    1. Cuando un texto resulta enigmático cada lector puede interpretarlo o detenerse en los aspectos que más le llegan. También suelo ponerme en los zapatos de los protagonistas, tanto cuando escribo como cuando leo, si estos me son interesantes.
      Con Lola quizás todavía no es tiempo...
      Muy agradecida por tu doble lectura y por el comentario.
      Un abrazo, Pilar.

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  19. Las casas tienen vida, en la de tu relato parece tener alma y al igual que en ellas en las mentes también se tejen telarañas. Hay momentos de la vida que se cree haber conseguido un sueño. Emiliano al leer el cuaderno parece darse cuenta que para alcanzar un sueño hay que tener verdaderas ganas de que se realice, y él continuará escribiendo hasta saber realmente para qué, adquirió la casa.
    Enigmático relato, Mirella.
    Muy bueno.
    Un abrazo!
    Feliz mes de diciembre, salida y entrada de año.

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    1. ¡Gracias, Mila! Hay sueños que no son tan verdaderos, que quizás están basados en el sueño de otro, más que en uno propio. En esta casa parece que Emiliano encontró la posibilidad de desentrañar lo que realmente quiere.
      También para vos un hermoso fin de diciembre y un mejor comienzo del nuevo año.
      Un gran abrazo.

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  20. Un relato intimista, con ese gusto en el detalle que te caracteriza. Cada descripción tiene su razón de ser y va más allá de lo puramente físico. Cada uno tenemos nuestros demonios, en ocasiones dormidos, a la espera de algo que los haga salir. En este texto esa cabaña derruida pero en reconstrucción le aporta ese diario. Y su lectura saca del interior del personaje lo que sentía, aunque no supiera darle nombre. Es un texto denso, para leerlo en papel, tranquilamente y sin distracciones que no nos aparten del micro universo que has imaginado. Un fuerte abrazo, Mirella!!

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  21. Confieso que lo tuve que leer dos veces jaja Es que muchas veces, como ahora, me doy un tiempo de madrugada, con algo de sueño encima, para ponerme al día con los blogs. Cuando leí el texto por segunda vez terminé por entenderlo (a mi modo) y despabilarme, de paso jaja ¿Y sabes qué? Me dio un poco de miedo.
    Te dejo un abrazo, Mirella.

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