Cinco grandes escritores cuentan en entrevistas qué los empuja a escribir, cómo lo hacen y qué momentos eligen. Hay coincidencias y también discrepancias, porque escribir es un acto personal, el método es lo de menos, lo importante es el resultado.
Jorge Luis Borges
Entrevista del año 1978. La pregunta es cómo nace un cuento para
Borges.
"Suelen nacer por una suerte de
revelación y esa revelación es gradual. Desde luego que cuando uno escribe un
cuento -y eso es imprescindible- debe saber de antemano el principio y el fin. Yo no concibo que una persona comience a escribir un
cuento sin saber cómo va a concluir. Luego, lo que sucede entre el principio y
el fin uno tiene que imaginarlo. Es una suerte de sueño voluntario.”(Extracto de "BORGES - Dos palabras antes de morir y otras entrevistas")
Raymond
Carver
“Hacia
mediados de los años sesenta descubrí que tenía dificultad para concentrarme en
la narrativa larga. Durante un tiempo tuve tropiezos tanto para leerla como
para escribirla. Mi capacidad de atención me había abandonado; ya no tenía
paciencia para tratar de escribir novelas (…). Sé que tiene mucho que ver con el
porqué escribo poemas y cuentos cortos.
Cuando
leí esto me turbó que ella escribiera cuentos de esa manera. Pensaba que éste
era mi difícil secreto, y me sentía incómodo con él. Pensaba que esa manera de
escribir un cuento de cierta forma revelaba mis propias limitaciones. Recuerdo
que me sentí enormemente alentado al leer lo que ella decía sobre el tema.”
(“Escribir” del libro “La
vida de mi padre”)
Antonio Tabucchi
“Soy
perfectamente consciente de que también se puede escribir por oficio, por
placer e incluso por deber: cuando se ha adquirido cierto bagaje de experiencia
e instrumentos, puede hacerse. Pero a mí me gusta escribir por inspiración. Yo
creo profundamente en la inspiración y en ese sentido decía que me siento muy
apegado a mi concepción romántica de la escritura. La modernidad ha prescindido
de las musas (…). Yo quiero creer que existe una musa a la que llamo inspiración.
Y por ello no quiero escribir cuando la musa calla o está de vacaciones. Espero
a que retorne.
Creo
que escribiendo, en el fondo, no hago más que una especie de autoanálisis;
desde este punto de vista, mis libros serían otras tantas etapas de una
reflexión sobre mí mismo que, naturalmente, se oculta hablando de otras cosas
(…).
Creo
que la literatura constituye siempre una forma de autoanálisis, incluso cuando
se habla del mundo exterior o de otras personas, porque no es más que otra
manera de buscarnos a nosotros mismos en los demás (...).
La
literatura es en gran parte memoria y, claro está, también memoria colectiva,
cuya perduración depende totalmente de la transmisión escrita. ¿Qué quedaría
del pasado del hombre sin la escritura?
("Conversaciones con Antonio Tabucchi" por Carlos Gumpert -1991/1992)
Me cuesta mucho empezar a escribir. Mucho, porque la
preparación de un cuento o de una novela corre subterránea dentro y a su
manera; pero cuando arranco de veras me parezco a Fangio, viejo, y no paro
hasta que el texto mismo me para la bandera.
("Conversaciones con Antonio Tabucchi" por Carlos Gumpert -1991/1992)
Julio Cortázar
Me cuesta mucho empezar a escribir. Mucho, porque la
preparación de un cuento o de una novela corre subterránea dentro y a su
manera; pero cuando arranco de veras me parezco a Fangio, viejo, y no paro
hasta que el texto mismo me para la bandera.
Una buena parte de mis cuentos han nacido de estados
neuróticos, obsesiones, fobias, pesadillas. Nunca se me ocurrió ir al
psicoanalista; mis tormentas personales las fui resolviendo a mi manera, es
decir, con mi máquina de escribir y ese sentido del humor que me reprochan las
personas serias. Entonces, más que un cuento o una novela, es el escribir mismo
mi acto de exorcismo.
Siempre seré un niño para tantas cosas, pero uno de
esos niños que llevan consigo al adulto, de manera que cuando el monstruito
llega verdaderamente a adulto ocurre que a su vez éste lleva consigo al niño, y
en el mezzo del camino se da una coexistencia pocas veces pacífica de por lo
menos dos aperturas al mundo. Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el
signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una diferencia.
Escribo por falencia o descolocación; y como escribo
desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y
miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por
supuesto, piedras preciosas. El monstruito sigue firme... Y me gusta, y soy terriblemente
feliz en mi infierno, y escribo.
Del libro “Peregrinos de la lengua” por Alfredo
Barnechea - Lima, 1971
Paul Auster
En una entrevista del año 1995, Auster comenta
a su entrevistador, Gérard de Cortanze que escribía sin ninguna obligación,
pero con dolor, como si le arrancaran una muela todos los días. Auster se ríe y
agrega:
"La mayor parte del tiempo es difícil.
Escribo muy lentamente. Tengo una cabeza demasiado activa, creo. No vivo en la
pasividad. Cada idea desencadena un montón de ideas más. Tengo que estarme
frenando a cada rato, andar retomando siempre el hilo de la narración (...)
Tengo un espíritu sumamente propenso a la digresión.
Algunas personas son capaces de pensar con un
teclado. Otras, como yo, sólo lo consiguen con un lápiz o una pluma.
Eso se
remonta a mi juventud, a la época en que aprendí a escribir (…). Me gusta el
esfuerzo que requiere la utilización de una estilográfica.
Siempre
he trabajado con cuadernos de espiral. Prefiero las libretas de hojas sueltas. Todo
está ahí, reunido en un mismo lugar. El cuaderno es una especie de hogar de las
palabras.
(“Dossier Paul Auster” por Gérard de Cortanze - octubre de 1995)
Todo escribe a nuestro alrededor,
eso es lo que hay que llegar
a percibir: todo escribe...
Marguerite Duras






