domingo, 30 de marzo de 2014

Postales




                                                               Lunes 21 de junio, Mazatlán, México
Minerva:
            Te mando esta postal para que mueras de envidia. Fijate qué playas, el mar espumoso seduciendo a la arena, algo en lo que sos experta, me refiero a la seducción histérica. 
La cercanía del agua me aplaca, pero el odio sigue intacto.
¿Ves el edificio majestuoso sobre las rocas y que mira hacia el Pacífico? Allí me alojo, y mientras elevo mi copa de daiquiri, evoco tu departamento proletario, que se asoma a ese pozo mugriento.
Estoy por donde pasa el Trópico de Cáncer y hoy en el hemisferio norte es el solsticio de verano: el día más largo del año. En cambio, en la invernal Buenos Aires, es justo al revés, las horas sin luz se extienden. Acaso sea el momento adecuado para iniciar el regreso.
Te saluda,
                  tu peor enemiga.



                                            Sábado 26 de junio, Bahía Culebra   Costa Rica

 Minerva: mi itinerario tiene una coherencia interna que se me escapó en el momento de planificarlo y que descubro cuando llego a cada lugar. Si elegí inconscientemente Bahía Culebra será por la imagen que tengo de vos: un crótalo resbaloso y traicionero, con sus escamas verde azuladas, como tus ojos.
El paraje es un santuario. Las aguas de esta bahía son mansas y la selva se desbarranca sobre la arena. Sigo en las costas del Pacífico en mi descenso hacia el sur, no sé si te diste cuenta quién soy.
Una reverencia de
                                la que menos esperás



                                                                                   Jueves 8 de Julio  Aruba

Minerva, bello el Caribe, mi piel es bronce oscuro, el cuerpo con un gusto salobre, los ojos limpios de mar y cielo pero el alma fracturada por un dolor que me doblega, como los árboles de la isla, constantemente esculpidos por los vientos alisios que los inclinan hacia el suroeste, aguas de cristal, arena igual que nieve, en el fondo me estoy cansando de tanto turquesa, arriba y abajo, pero el camino de retorno está trazado, vuelvo a casa, no sé si la noticia te hará llorar o reír con tu risita de hiena, lo más probable es que no te haga mella no sos otra cosa que un vampirito que vive de energías ajenas
sin embargo yo que vos empezaría a temblar a la espera de 
                                                                                                  la que se acerca



                                     martes 20 de julio isla del diablo guayana francesa

minerva los franceses tan cultos también tienen su historia negra como nosotras y se sacaban de encima a los criminales y a los deportados políticos llevándolos a lo que entonces era el culo del mundo o este rincón te acordás que vimos juntas la película papillon en ese cine de mala muerte
comentan que en la isla quedaron los fantasmas de los presos 
vagan entre las ruinas del penal que la selva se devora de a poco como un depredador insaciable
yo llevo a cuestas mi propio calabozo este rencor desesperado si bien me mantiene viva me impide olvidar y me engulle como los matorrales a las ruinas
porque en eso me convertí   en una ruina
recuerdos de
                      la que te desprecia         




                                                                           domingo 25 julio recife brasil

el cruce del ecuador en barco fue un momento mítico el tipo con el disfraz de neptuno el bautismo y esa ceremonia que es una parodia y termina en joda loca 
estoy en una ciudad moderna con canales y puentes estilo venecia
vuelvo por el atlántico harta ya de aeropuertos equipajes micros traslados hoteles oficinas de turismo excursiones hoteles más hoteles sonrisas propinas el alma en las tripas y no saber si estoy galopando abrazada a las crines de una yegua malparida 
te llevaste lo mejor de mí y me puse este candado para no sufrir más
acuno un odio que no se mitiga
                                                     saludos de la que no otorga perdón                                          


                                                                                        30 julio punta del este

 fatiga    agotamiento escarpado como una montaña inalcanzable
una ciudad de prismas blancos     hace frío cerca del mar
el viento me despeina los ojos y veo veleritos borrosos en la fragilidad de la distancia
no quiero perdurar sólo que llegue la conclusión
falta poco buenos aires
me encontraré con la inescrupulosa crapulosa quebrantadora de sueños y se hará justicia en una tarde incesante
ya no habrá más
                             enemiga invisible



                                                                 3 agosto bulnes esquina sarmiento                                           
departamentito plagado de cenizas y cucarachas
vos ahí junto a la ventana que da al pozo
                                                                  aguardando
salpicaduras y desechos que caen por las ventanas


llego te veo no te distingo en el reencuentro
oscuridad que afina las garras de tus manos en palomas grises
pollera barata pies como anclas
                                                    microbios furiosos en el alma


un crepúsculo de vidrios rotos y oquedades
                       es el destino
nunca saliste a enfrentar la vida
                        el amor 


una silla
la ventana
el sumidero lóbrego del encierro
punto de confluencia de la paradoja


un salto a la libertad
la enemiga visible te abraza
volemos
             por fin los fragmentos se unen

©  Mirella S. —2010—



Imágenes sacadas de la Web



Un "delirio" de otros tiempos... 
siempre en la exploración de las formas.
Gracias a los que se animaron.





jueves, 27 de marzo de 2014

Microficciones






La mancha voraz

La mancha de humedad en la pared frente a la cama era insignificante. Tenía el color del musgo.  Se fue expandiendo paulatinamente hacia arriba, hacia abajo, después hacia los costados y se adueñó del dormitorio.
Ella la miraba desde la cama y le pareció descubrir que del interior de las encías mohosas nacían dientes. Empezó a preocuparse, pero ya era tarde: los colmillos acometían contra el revoque y los ladrillos como si fueran tostadas con dulce de leche. El ruido era crocante y le producía una especie de hechizo. 
Las paredes se desmenuzaron en miguitas. El aire del invierno y la palidez de las estrellas fueron los límites de la habitación. 







Palabras


A las palabras se las llevó el viento, se toparon con una tormenta y cayeron hechas una sopa de letras.










Fuego económico

Utilizaba al dragón que había heredado de su requetatarabuela para prender la hornalla y el calefón. Estaba contenta porque no tenía que comprar fósforos o un magiclick.
Una mañana lo vio con las fauces apagadas y comprendió que él también era a pila.


©  Mirella S.  -2012-




Estos micros son el fruto de un seminario 
breve que hice
sobre microficciones. Me gustó la experimentación,
pero me di cuenta de que este género no es lo mío...



Imágenes sacadas de la Web



lunes, 24 de marzo de 2014

Plegaria






Flor miró la estatua, juntó las palmas y le habló a la madre divina para que ayudara a su madre de la tierra. A aquella que no estaba hecha de un cuerpo sagrado ni era un espíritu que abarcaba los cielos del mundo, sino a esta otra, creada con una pulpa frágil, huesos, sangre y leche, que ya no quería levantarse de la cama.
 O no podía. Ella era muy chica para entender, pero María, mujer y madre, sabría. Flor, en cambio, era sólo una nena, burra además, no le iba bien en la escuela. Ahora peor.
Aunque quería mucho al niño Jesús, no podía recurrir a él. Era muy complicado hablarle al hijo de Dios, de ese Dios que era uno y trino a la vez, algo que no le entraba en la cabezota.
El padre Luis, en las clases de catecismo, se los había explicado sacando de una caja tres fósforos, los había encendido y los unió en una sola llama, que se hizo más grande y de oro. Para Flor lo mismo seguía siendo un misterio.
Quién podía arreglar lo de su mamá mejor que otra madre, justamente la de Jesús, la más grande y poderosa de las madres, que la entendería porque también había sido hija. Ella era la única que iba a encontrar el remedio para que su mamá se levantara de la cama, el sol volviese a entrar en el dormitorio cerrado y a brillarle en los ojos, como antes de que se fuera papá.
Todavía no se animaba, quizás en el rezo de la noche antes de ir a dormir. Entonces —así le había enseñado la abuela— de rodillas y con las manos en el gesto de plegaria, podría hacer el otro pedido.
La abu siempre decía que no hay que abusar y Flor no quería parecer una pedigüeña. Pero a la gran madre qué le costaría hacer un milagrito más, acaso no decía el abuelo el que hace treinta puede hacer treinta y uno. Y María, ya que estaba metida con los problemas de su familia, podría aprovechar y darle un buen tirón de orejas a su papi y decirle ya es hora de que vuelvas a casa.

©  Mirella S.  —2010—




1.  Óleo de Jorge  Espinosa  Torre
2.  Obra de Laurent  Botella


Es un texto viejo, sencillito, sin pretensiones...




La palma que está en el patio
nació sola;
creció sin que yo la viera,
creció sola;
bajo la luna y el sol,
vive sola.

Nicolás Guillén



jueves, 20 de marzo de 2014

Día literario: Claudio Magris



Ilustración de Jonathan Wolstenholme



“Creo que el único modo de hablar, de contar algo de la experiencia de uno, es hablar de otros. Por eso elegí como lema de mi libro Microcosmos una parábola de Borges.
Borges habla de un pintor que describe paisajes —montañas, ríos, árboles— y finalmente se da cuenta de que pintó su autorretrato, y no porque haya deformado con prepotencia subjetiva la realidad, sino porque su ser consiste precisamente en el modo en que él mira la realidad, en que vive la experiencia de los otros.
Nuestra identidad es nuestro modo de ver las cosas. Si me pidiesen que hable de mí mismo, instintivamente empezaría a hablar de otras personas: de mis padres, mi compañera de vida, mis hijos, de personas amadas, mis amigos, mis amigas, maestros, paisajes, lugares, acaso también de animales; desde luego, no de mí; incluso de historias que le sucedieron a otros pero en cierto modo se integran a la mía.
Y a partir del modo en que yo hablaría de otras cosas, otras personas, tal vez pueda entenderse algo de mi capacidad o incapacidad de amar, de mi valentía, de mis miedos, de mis obsesiones, de mis fidelidades, de mis desengaños”.




Claudio Magris nació en Trieste en 1939. 
Licenciado y doctorado en Filología Germánica ha sido profesor de Lengua y Literatura Germánicas; actualmente es profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de su Trieste natal.
Publicó su primer libro a los 22 años, “El mito habsbúrgico en la literatura austríaca moderna", que le hizo famoso y marcó su obra.
Es creador del concepto político Mitteleuropa, que consiste en una Europa central con predominio alemán . Su obra se inspira en el mito de la frontera para explicar los más urgentes problemas de la identidad contemporánea.
De sus relatos, frecuentemente de factura mixta e indefinida entre lo narrativo, lo ensayístico y el libro de viajes. El Danubio (1986), es considerada su obra maestra. ha sido calificado como "un maravilloso viaje en el tiempo y el espacio". 
En palabras de su autor, el libro es "una especie de novela sumergida: escribo sobre la civilización danubiana, pero también del ojo que la contempla, y fue redactado 'con la sensación de escribir mi propia autobiografía. Paisajes, pasiones, encuentros, reflexiones..."
Fue galardonado internacionalmente con numerosos premios importantes. 







"Se escribe por muchas cosas, pero yo escribo principalmente para luchar contra el olvido, en señal de protesta. Escribiendo, a veces se tiene la sensación de perderse y, otras, las de encontrarse. Para mí escribir es, a menudo, contar historias verdaderas de lugares reales, porque la historias verdaderas y las personas que las han vivido me interesan más, muchísimo más, que las de mi imaginación. Creo que escribir es “transcribir” cualquier cosa que sea más grande que nosotros." 

Claudio Magris


domingo, 16 de marzo de 2014

Miradas lejanas





Hay muchos tipos de ojos y tantas miradas distintas. No siempre es por el color o la forma: es la mirada cruda la que impacta.
Están los ojos de perro, que parecen húmedos de lágrimas que no aprendieron a llorar. Los de gato son impenetrables, custodian secretos. En cambio los de pez son como vidrios de miopes, no parpadean en su perenne expresión de asombro.
La naturaleza es una aliada para las comparaciones y por costumbre o pereza caemos en lugares comunes. Hacemos descender el cielo en esos huecos debajo de la frente. Apelamos al mar —bravío o sereno— que los inunda. También recurrimos a las piedras o al hielo, al carbón, al petróleo; a lo orgánico y a lo sintético. De Zulma, la compañera del secundario, todas decíamos que tenía ojos de baquelita.
Pasaron ojos por mis ojos, pero los de mi vida fueron los suyos, de un tono avellana con briznas de oro cuando se enojaba. Eran pequeñas dagas de fuego, en su intento por quemar mi rebelión.
A la hora de la entrega los ganaba primero la oscuridad, hasta desagotar su pozo de ardor; después parecían agua clara de remanso.
Él decía que los míos eran eléctricos, como una borrasca de verano a punto de explotar, que me devoraban el resto de las facciones. Nadie podía fijarse en mi boca o en el trazo menudo de la nariz. Se zozobraba en mis ojos, decía.
No los recuerdo, tampoco los suyos, apenas me quedaron las palabras con que los describíamos. 
Ya no hablamos mucho, no sé quién verá las saetas en su mirada ni a quién irán dirigidas. Sólo puedo escuchar las suelas de sus zapatos recorriendo las habitaciones, el roce casual de su mano cuando me alcanza el bastón, la voz, con inflexiones de ira contenida, al indicarme que me levante de una vez, que el día está tibio, que me va a llevar al parque y que tenga cuidado, tres pasos más y están los escalones de la entrada.

©  Mirella S.  —Febrero 2014—






1.  Foto gift de Jamie Beck &  Kevin Burg
2.  Acuarela y collage de Rebekka Ivacson





Estábamos muy cerca
la mano inmóvil
en los cabellos aún negros
frío el aliento
en la insólita expoliación,
ofrecida
sin incienso ni mirra
quizás arena
que se desliza rápida
entre nacimiento y clepsidra.


Maria Pia Argentieri

Poeta italiana


domingo, 9 de marzo de 2014

Mujer de agua





Soy líquido que se derrama buscando el centro de mí misma, como si extrañara las profundidades oceánicas donde todo se intuye. Poseo la transparencia del manantial que cae de la montaña, hecho de nieve derretida. Refresco, aplaco la sed, riego lo árido, me adapto, encuentro mi curso.
Trabajo en conjunto con la Luna, lavo, arrastro los miedos que se alojan en los riñones. Simbolizo el bautismo, la inmersión en mis aguas representa la muerte de lo turbio, una nueva posibilidad de nacimiento. Mi vitalidad parece baja y, a veces, me ven pasiva, pero me mueven caudales subterráneos y la vida se gesta continuamente en mi interior. La Tierra da forma a las cosas, mi humedad las suaviza y unifico lo que toco.
Puedo hacerme un charquito tibio para que me guardes en las palmas de tus manos, mojar la sequedad de tus labios y llegar hasta tu alma. Soy vulnerable como una perla de rocío chupada por la voracidad de la Tierra; el Fuego conseguiría evaporarme con sus llamas; el Aire, helado en su indiferencia, me convertiría en estalactita.
Sin embargo no te confíes, no estés tan seguro de tenerme. Tomá precauciones conmigo, en mí también hay una faceta fangosa, artera, y te tragaría de un solo bocado como lo hace el pantano o podría volverme un tsunami y ahogarte sin que se me altere el pulso si me engañaras. Por eso no me provoques creyendo que soy demasiado frágil e inestable en la eterna danza de mis emociones.
Como una esponja absorbo los malos humores ajenos y los exudo en una transpiración de tristezas, porque se me pegan los dolores de los demás. Preciso mis espacios de soledad para desprenderme de sentimientos que no me pertenecen.
Me rijo por el amor y la memoria. Siempre abro caminos para alcanzar tu esencia y, si me lo permitís, abrazarla y establecer el contacto íntimo. Cuando siento los agujeros de las carencias, llegaría a sorberte hasta la última célula; en cambio, en equilibrio, no necesito más que ese breve roce con tu alma.
No tengo la pasión del fuego, pero no olvides que la diosa Afrodita fue concebida en las aguas del mar. Soy de las que se entregan y dan todo.
En mí hay un misterio insondable, difícil de ser percibido. Hay etapas en las que me sumerjo en una ola onírica, envuelta en imágenes y sensaciones, cerrada a la realidad, como en una cueva.
Mis falencias son el miedo a perder el afecto, la subjetividad, fusionarme, la manipulación, las nostalgias. Cuando mis aguas están agitadas surge el ojo crítico, caigo en fobias, me amurallo, desconfío, me aíslo. Entonces mi cavidad interna se seca, se agrieta, te dejo afuera. Suelen herirme, muchas veces sin quererlo ni advertirlo.
Me interesa todo lo que tiene que ver con la vida y con la muerte, los temas arquetípicos, lo esotérico, lo que sólo se siente y no tiene palabras.
Mis talentos son la capacidad natural de nutrir, la empatía, el amor por lo existente, una imaginación inagotable, la honestidad y, aún a pesar de las decepciones, sigo manteniendo una mirada cándida y esperanzadora sobre el mundo.


©  Mirella S.  —Marzo 2014—



  Arte digital de Mónica Alagna


Gracias a todos por el "aguante" en un tema
bastante denso y con no muy buena prensa...





Removemos arenas por el fondo
un pez escapa un pez cimbreante y fúlgido
y huidizo se escapa pero aletea próximo
rozando un alga de oro.
El agua envuelve pesa ahoga enardece
o sepulta.
Una ola levanta oscuramente
su delgada carrera fulgurante.
De pronto se retira. Algo se ahoga
algo va centellea fuga se hunde
reaparece...


Idea Vilariño

Poeta uruguaya

lunes, 3 de marzo de 2014

Mujer de aire



Foto que me prestó ñOCO Le bOLO*


























La distingue la ambivalencia, suele mecerse entre estar en soledad o ser la dama social de porte elegante, con una apariencia estilizada, etérea, que va más allá del ancho real de su cintura.
La esencia del aire es el pensamiento y la mujer aérea es una buscadora de respuestas. Adora la reflexión, las abstracciones y el mundo físico le sirve para elaborarlo en formas racionales. Construye domos filosóficos e investiga la realidad a partir de ideas.
En varias cosmovisiones el aire se asocia al hálito vital, al soplo divino que origina la vida; simbólicamente representa el espíritu y la palabra, las primeras cualidades que recibió el hombre.
Está la mujer mercurial, la más lúdica, que se diversifica en múltiples facetas y actividades, siempre dispuesta a incorporar conocimientos para festín de su cerebro famélico. Recoge información de cualquier índole y su misión es transmitir noticias, ya sea siendo la chismosa del barrio o como periodista o escritora. Es una experta en el zapping sentimental.
Un segundo tipo de mujer aérea es aquella que necesita de otras opiniones, para tomar la decisión final. Pondera los distintos puntos de vista y elige. Vive en un equilibrio dinámico, fácil de quebrarse. Es cuando suele caer en la espiral de la duda constante, se sobreadapta y se deja influenciar.
También está la transgresora, rebelde con o sin causa, cuyo gozo radica en quebrantar lo establecido con ideas innovadoras, vanguardistas. Tiene una fábrica propia de teorías, se comporta como una observadora desapegada de la realidad y produce la sensación de que se mueve en un nivel más elevado.
Las tres son volátiles, vaporosas como la bruma, despistadas, inquietas, en un perpetuum mobile. Saben usar la palabra, sus lenguas son hojas agitadas por los vientos de la convicción y del discernimiento, que se convierte en vendaval pronto a desmantelar argumentos poco sólidos.
No son sensuales como las de tierra, atraen por ser enigmáticas, por preservar del contacto externo una parte de sí que ni ellas tocan.
En el amor les gusta experimentar. Sin embargo, el acceso a su templo requiere de un ceremonial y su clima es cambiante, a veces de un modo brusco, inesperado.
Sienten rechazo y fascinación por los hombres de Agua, porque temen que las conduzcan a honduras emocionales para las que no están preparadas. Las estimulan los ideales del Fuego, pero el Aire especula demasiado antes de actuar, mientras que los fogosos actúan antes de pensar.
Las aéreas deben aprender a confiar más en sus intuiciones y cuando alguien que las impacte desmorone la catedral de sus razonamientos, será un punto de inflexión en sus vidas, porque se manifestarán descabelladas, caóticas. Esa experiencia puede ser la más sanadora o la más destructiva a nivel emocional.
Son mensajeras que unen lejanías, convocan la imagen del pájaro en vuelo, de la Vía Láctea y los espacios siderales, de los pies alados de Hermes.

©  Mirella S.  —Febrero 2014—


Arte digital de Mónica Alagna




* ñOCO Le bOLO ¡gracias!
http://www.ovnmphotos.blogspot.com.ar/
http://www.cristalrasgado.blogspot.com.ar/






Yo adoro una mujer de aire.
...No me digan nada, 
que cuando la mujer de aire se va
¿el aire, el aire?, es una asfixia oscura...

Juan L. Ortiz
Poeta argentino