miércoles, 21 de octubre de 2015

Cíclicamente




La primera y única vez que me emborraché fue cuando supe que mi madre estaba en la cama con un hombre que no era mi padre. Yo acababa de cumplir dieciséis años.
No vi qué hacía ni con quién. Papá estaba internado por una operación menor que después se complicó. El enfermero de la tarde no paraba de mirar a mi madre con cara de ternero degollado. Mis suposiciones apuntaron a él.
Aquella noche de hace treinta años me desperté cerca de la una, con la boca seca por el calor. En la casa de la infancia el dormitorio de mis padres y el mío estaban separados por el baño y daban a un vestíbulo interior. El cuarto de ella tenía la puerta cerrada; pensé: está loca, se debe cocinar ahí adentro.
En el silencio oscuro, pegajoso, me pareció oír voces amortiguadas, de las que se escapó una risita crujiente. Es el televisor y cerró la puerta para no despertarme; pobre, tiene insomnio, está preocupada por lo del viejo.
Iba a abrir la puerta y decirle que no me molestaba el ruido, que no se encerrara, pero mi mano quedó suspendida en el aire cuando reconocí su voz y comprendí que no estaba sola.
Si el miedo es fuerte, aparece el odio. La odié como si fuera un animal mordiéndome las entrañas, mientras que del otro lado de la puerta el placer progresaba en la quietud nocturna.
Caminé hasta la cocina, cautelosa, como una araña que se descuelga por su hilo de baba. Saqué un vaso y no lo llené con agua, busqué la botella de brandy que guardaban en un estante alto.
Todo seguía igual en algún lugar del tiempo. Un sector de mi cerebro se mantuvo lúcido y me impulsó a que volviera a mi cuarto. Resquebrajada de miedo y rabia decidí terminar allí el contenido de la botella.
Levanté las persianas y entró un soplo de aire tibio que me hizo cosquillas en los brazos.  Tragué a sorbitos el líquido ardiente, mirando desde mi ubicación, la porción de cielo que me correspondía. Esa madrugada la luna declinaba impávida hacia el otro lado del mundo.
El alcohol cumplió pronto su función, deformando la realidad y lo que antes era un acto vil, traicionero, me produjo un gorgoteo idiota, que lagrimeaba por mis ojos en el afán de sofocarlo.
La imaginé con Clint Eastwood, que en esa época era su actor favorito y no con el enfermero, petiso, robusto, que no emanaba el mínimo efluvio de erotismo. Y ella en los brazos de Clint florecía, ya no era el ama de casa protestona e insípida que todos conocíamos. En mi ebriedad, se convirtió en una diosa del Olimpo, una Diana cazadora de amantes, una Minerva guerrera de la cópula.
Con impudicia visualicé sus glúteos pálidos y los muslos enérgicos encaramarse en movimientos de góndola. Los pechos nutricios desacralizados por una boca ávida. Así continué un largo rato, enumerando las virtudes repentinas que descubría en mi madre, hasta que la bebida hizo su efecto y me sumergí en las aguas del sueño, como una rana intoxicada con el cloro de una piscina.
De mi despertar a la mañana siguiente sólo recuerdo la lengua hinchada, el gusto amargo en el paladar, el dolor que ceñía mi cráneo. Durante un tiempo reduje lo ocurrido a desvaríos de la borrachera.
Papá regresó de la clínica y reanudamos el circuito grisáceo de la rutina familiar. Fue difícil aceptar el coito adúltero de mi propia madre y fantasear con los detalles de su comportamiento había sido tan pecaminoso como el acto mismo. 
Noté que ella parecía menos propensa a rezongar y a veces se le escapaba algo tembloroso, como un árbol seco a punto de desmoronarse. Dejé de mirarla y en cuanto pude me fui a construir mi fortuna o mi desgracia en otros horizontes. Se murió de a poco, sin que nos diéramos cuenta. Una mañana papá me llamó por teléfono porque no conseguía despertarla.
La comprendí recién hace unos meses, cuando estuve en la misma situación y mi hija de quince años me encontró desnuda en la cama matrimonial con un tipo desconocido. Desde entonces no me habla.
Ahora sé qué siente cada una de las partes. Me acerqué a mi madre y alejé a mi hija. Pienso si no habrá un surco ancestral en la rama femenina de la familia que nos impulsa a caminar sobre las huellas de las que nos precedieron y repetir un patrón: llegadas a la cuarta década de nuestras vidas debemos cumplir con el ritual de tener un amante.
Con la abuela debe haber ocurrido una circunstancia similar. No soportó el repudio del abuelo, se fue y nunca más se supo de ella.
Me pregunto si este pecado se saldará conmigo o se lo transmitiré a mi hija. Si así fuese, espero estar todavía viva para que me perdone.


©  Mirella S.   — 2015 —                                                                                        Foto de Mathieu Chatrain


54 comentarios:

  1. Yo de las dudas no puedo decirte nada, Mirella. Lo que sí te diré es que me enganchó tu relato hasta el final y me lo bebí de un trago. A mi me parece tan real que me lo creo de pe a pa. Yo no cambiaría nada.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro que así sea y que no tenga que cambiarle nada, Tin, porque cuando me pongo obsesiva no paro de corregir y corrijo sobre lo corregido.
      Me da gusto que lo disfrutaras.
      Abrazo.

      Eliminar
  2. Es duro como la vida misma.
    Golpea al lector.
    Será que el destino es el que manda?
    Puede ser...

    La vida tiene muchos grises y algunos días un poco de sol.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El destino... Torito, muchas veces me pregunto realmente cuánto libre albedrío tenemos y me parece que muy poco.
      Gracias, querido Xavi, con un gran abrazo.

      Eliminar
  3. genial Mirella!!
    tu narrativa traslada al lector al plató de las acciones expresadas
    felicidades

    abrazos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me deja contenta que te hayas enganchado con la historia, Elisa, y te vayas satisfecha.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
    2. Buen fin de semana Mirella
      abrazos energéticos
      acá el calor me tiene lánguida :D

      Eliminar
    3. Gracias, Elisa, que también tengas un fin de semana muy lindo.
      Aquí también está haciendo calor.
      Besotes.

      Eliminar
  4. Mira que eso puede pasar, que la vida se repite, que todo regresa y esta vez ha sido duro de visualizarlo, no se donde están tus dudas, las realidades están diáfanas y casi me levanto a tomarme un trago, lo acabe tomando de café.Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Menos mal, Ester, no quiero sentirme culpable de inducir al alcoholismo a los lectores.
      Hablando en serio, gracias por tus opiniones.
      Otro abrazo.

      Eliminar
  5. Joder, desde luego es para emborracharse, porque el trago y nunca mejor dicho fue muy gordo. Aunque hubiese sido con el propio Clint Eastwood al menos debería haber esperado a que el marido se recobrase y saliera del hospital, y no a la primera de cambio, ponerse a retozar con otro tío. Pero mira lo que son las cosas, que si a esa hija, aquello le marcó, y llegó a odiar a la madre, luego resulta que esa hija, ya crecida, hace la misma faena y la pillan; "hostias que fuerte", aquí podríamos aplicar aquello de que " nunca digas que de esta agua no beberé" Se ve, que el recalentón, y poner los cuernos, ya lo llevaban en la sangre y era hereditario. Hija odia a madre, y luego se repite la historia. Vaya relato más impresionante y bueno; y muy bien te lo has trabajado. Pues fíjate que cosas de estas, y peores pasan realmente, aunque a veces sea una obra ficticia, de un buen escritor, o escritora como es tu caso. Espero que esos ánimos vayan mejor.

    Besos y abrazos Mirella.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Veo que este cuentito causó un impacto muy grande en los que comentaron.
      Sos terrible Rafa, según vos hubiera sido mejor meterle los cuernos en otro lugar y esperar que el marido estuviera mejor... jajajaja... o sea, que lo de los cuernos no está tan mal, solo en el lugar y el momento indicados.
      Te agradezco mucho tu paso y me alegraron tus consideraciones.
      Un abrazote.

      Eliminar
  6. Un momento duro que trata de olvidar esa mujer, no nos rasguemos las vestiduras, nosotros somos mas desleales que ellas y no lo hacemos ciclicamente, sino cuando la oportunidad se presenta.

    Buen relato Mirella.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya lo creo, Chaly, pero me parece que la cosa se está emparejando y pronto será un empate.
      Me alegra que te gustara.
      Besos.

      Eliminar
  7. Respuestas
    1. Lo siento, Tracy, el tema es duro, pero no pensé que el relato podría causar esa impresión.
      Besos.

      Eliminar
  8. Y siempre creo que eres tú misma, me lo creo, lo cuentas de una forma tan real ... Es impactante, con dudas y todo. Besicos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No soy yo, esta vez es ficción, la última que escribí. Pensé, no los voy a amargar más con mis problemas, pero veo que el tema del relato también los sacudió.
      Un abrazo, Angelines.

      Eliminar
  9. Algunos médicos dicen que en las células traemos los defectos, enfermedades y virtudes; si eso fuera cierto tu personaje recibió el legado sin buscarlo. Es una historia muy buena, y mejor escrita Mirella.

    mariarosa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así como heredamos el color de los ojos o ciertos rasgos físicos, también se nos transmiten algunas características psíquicas. Cuando lo escribía me preguntaba si es posible romper la cadena de un patrón de conductas familiares.
      Muchas gracias Mariarosa, con un abrazo.

      Eliminar
  10. ¡Epa! Este cuento me atrapó, me resultó corto, si bien la infidelidad no me parece un drama el tema de la responsabilidad con los hijos sí, los vínculos quedan hechos trizas, no se recuperan más.
    Agraciada MIR, abrazo de enfermero!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te deschavaste, Edu, estás por la infidelidad... jajajaja... Sí, con los hijos se debe ser muy cuidadoso y evitarles impactos traumáticos de ser descubiertos en esas circunstancias.
      Gracias y un abrazo de enferma.

      Eliminar
    2. Estás ausente y alguna certeza sobre como está tu salud picanea sobre interrogantes ansiosos ¿Como estás?
      Abrazo MIR!!

      Eliminar
    3. Gracias por interesarte, Edu, espero estar mejor la semana próxima.
      Un abrazo.

      Eliminar
  11. Al parecer, es cierto eso que dicen, que la Historia se repite.

    manolo
    .

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En muchos casos, lamentablemente se repite.
      Gracias, Manolo, por pasar
      Saludos

      Eliminar
  12. Ha situaciones en la vida complicadas y dificiles de afrontar, pero son estas cosas la que nos diferencian y nos dicen de la pasta que estamos hechos.

    El relato es maravilloso. Te implica, te hace partícipe de la angustia y el desconcierto del momento.

    Besos!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es muy cierto lo que decís, Nieves. Si sabemos aprovechar experiencias malas y errores, creceremos como personas.
      Quedo muy contenta de que te gustara el relato.
      Un gran abrazo.

      Eliminar
  13. Tienes un Don Mirel. Consigues ligar las ideas con exposiciones precisas, y con estupendas imágenes. La secuencia que nos regalas desde cierto voyerismo es una joya; y la idea casi al final donde la protagonista “se acerca a la madre y se aleja de la hija” es una pincelada de ingenio que muchos cuando estamos instalados ya en cierto piso en la vida comprendemos desde la identificación.

    Me gustó mucho porque a veces es una realidad esto de los ciclos o los patrones.

    Un besote Mirel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Gonza, tener un lector como vos es un privilegio. Me alegra mucho que te hayas leído de un tirón todas mis últimas publicaciones.
      Un fuerte abrazo, amigo.

      Eliminar
  14. Excelente Mirella!! Me emociona tu forma de escribir.
    Un fortísimo abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro mucho y agradezco tu comentario, Marybel.
      Un gran abrazo, guapa.

      Eliminar
  15. Me dejás sin palabras! Qué gran "pintora de imágenes"! Te admiro. Un gran, gran relato descriptivo...nos llevás a vivir la experiencia con vos. Bravo! Forte abbraccio.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy contenta con tus apreciaciones, Patzy, gracias y abrazos.

      Eliminar

  16. Estoy con Gonzalo, Mirella; tienes un don especial para la narrativa y siempre es un hermoso premio leerte.
    Enhorabuena con un larguísimo abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me causa mucha alegría compartir este don, aunque todavía no pueda percibirlo demasiado, pero si gente que sabe me lo dice, debo creerlo.
      Un placer recibirte, Soco, llevate también un gran abrazo.

      Eliminar

  17. Me ha gustado mucho. Esa estructura cíclica pudiera ser rota en alguno momento, tal vez en una secuela de este buen relato.
    Eres una gran narradora.

    Un abrazo

    · LMA · & · CR ·

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Bolo, un gusto que lo disfrutaras, pero difícilmente habrá secuela.
      Un gran abrazo.

      Eliminar
  18. Eso sí es herencia, y no lo que identifica el ADN.
    Abrazos, siempre

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una herencia tremenda, Amando.
      Gracias por acercarte.
      Un abrazo.

      Eliminar
  19. Brillante, Mirella. Imposible no sentirse atrapado por tus letras.
    Y jamás me vi venir ese final, eh, cosa que ensalza aún más el relato. ¡Felicitaciones!
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es buenísimo eso de que no te esperabas el final, porque los que escribimos e inventamos historias, al leer a otros siempre tratamos de anticiparnos para imaginar cómo terminará.
      Gracias, Juanito y muchos saludos.

      Eliminar
  20. Ignoro de qué dudabas...yo no tengo duda alguna:es magnífico
    Cómo deja la vida las entretelas al aire, cómo hace callar, sellar la boca a base de hacernos discurrir por esos cauces que tanto repudiamos...
    En serio: chapeau
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Las dudas siempre vienen de mi parte perfeccionista, que nunca se conforma del todo.
      El final me pareció lo mejor del relato, porque entreabre una puerta a nuestros prejuicios.
      Gracias y un abrazo fuerte, Marinel.

      Eliminar
  21. El hijo siempre.de.siente con derecho de levantar su mazo de juez y golpear con una efectividad tremenda. Luego uno llega a la edad adulta y entonces comprende muchas cosas al vivirlas en el pellejo. Inmensa como siempre Mirella.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy agradecida, Jonh, por tu lectura, disculpa la tardanza en contestarte, cosas de la salud.
      Abrazo, Cuba.

      Eliminar
  22. Por principios me cuesta y como que me niego a creer en ese determinismo...

    Se puede romper un círculo. Sí.
    El relato una joyita más de las tuyas.
    El cierre circular lo remataste de cuajo.

    Besos, mi bella Dama.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He sabido de casos en los que es necesario que pasen algunas generaciones para romper el ciclo. Somos muy apegados a repetir patrones.
      Un placer, Eva, querida, que lo hayas disfrutado.
      Un fuerte abrazo.

      Eliminar
  23. Ciaooo!
    Cara Mirella, fantastico!
    Como siempre impecable tus escritos. Es un gusto volver a visitarte.
    Te dejo mi saludo y un abrazo fuerte.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Grazie per la visita!
      Me alegra que te gustara el texto. No te pierdas.
      Abrazos.

      Eliminar
  24. La vida es una rueda y las desgracias se heredan. El destino es así: inmanejable. Todo se trata de lo que hablabas en tu texto anterior: voluntad para afrontar las cosas.
    Muy bueno.
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin embargo la voluntad no es todo. Hay hechos que simplemente sobrevienen y podemos intervenir hasta cierto punto.
      Gracias por acordarte siempre de este espacio, Raúl.
      Abrazo.

      Eliminar