lunes, 24 de junio de 2013

Ausencia






Es como si la viera, entrando en la cafetería habitual, con su paso atropellado, trabándose en la puerta. Seguramente tendrá puesta su boina anacrónica, ladeada en un ángulo absurdo. Entrará y observará a los que ocupan las mesas. Todavía no llegó, pensará. Entonces saldrá y elegirá una en la vereda, para poder fumar durante la espera, la más cercana a la pared, que la proteja del viento que viene del río.
Puedo imaginarla mientras se saca los guantes de lana y se masajea los dedos. Lo hace si algo la preocupa y, para justificar el gesto, dice que es la mala circulación. Dejará sobre la silla vacía la bufanda; la tarde está fresca, probablemente no se quitará el abrigo, un impermeable que acumuló el color del tiempo, largo, holgado. Lo lleva siempre abierto, cuando camina flamea a su alrededor y la hace parecer un espantapájaros.
Puedo apostar que se sentará mirando hacia el boulevard y antes de que el mozo se acerque a la mesa, encenderá un cigarrillo. Pedirá un café bien cargado, con un poco de espuma; entre una pitada y otra se mirará las uñas, mejor dicho, lo que queda de ellas y, en caso de que lo encuentre, arremeterá contra algún pellejito suelto.
Verificará la hora, aunque sepa que falta todavía. Esta tarde va a llegar temprano, de eso estoy seguro. La ansiedad es el único reloj que le permite ser puntual. Echará el azúcar en el pocillo, lo revolverá distraídamente, después recogerá la espuma y chupará la cucharita, con esa manera suya, entre cándida y provocativa. Por más que beba el café a pequeños sorbos no le va a durar demasiado, odia el café tibio.
Después hará dos cosas. La primera: hurgar en el bolso y sacar el espejo. Lo disimulará en el hueco de la mano y espiará si alguna catástrofe se abatió sobre la cara. Si alguna pestaña, pringosa de rímel, yace sobre el pómulo, quizás un poco más pálido que de costumbre. La segunda: con uno de los tantos bolígrafos que le compra a los vendedores en los colectivos y que acopia en el bolso, empezará a dibujar garabatos en la servilletita de papel cresposo: un ahorcado, un oso panda, un trébol. En seguida vendrán las palabras sueltas, altisonantes. Deletéreo, lapislázuli, obsidiana, heliotropo, son sus favoritas. Esta tarde, con la espera por delante, que se hará cada vez más fatigosa, apelará a las dos opciones, y me arriesgo a afirmar, que intentará unir las palabras en un poemita descabellado.
El tiempo no pasa o, peor aún, se desliza inexorable y la lleva a una constatación que la congela: la puntualidad prusiana del otro puede convertirse en ausencia. En algún punto remoto de su conciencia ella tiene que intuirlo.
Otro café y más cigarrillos que se apilan en el cenicero de metal. Nuevamente el espejo: hay un diminuto coágulo negro en el lagrimal y el dedo meñique sirve para solucionar esos percances. La servilleta, llena de monigotes y palabras que esta tarde parecen irreconciliables, se convertirá en una bolita e irá a parar al cenicero.
En qué distraerse, qué hacer. Entrecerrando los ojos tratará de ver si lo descubre a punto de cruzar la calle. Comprobará cómo se esfuma la luz en el boulevard; las flores y esas esculturas inexplicables ya se desdibujan en el atardecer. Fatalmente vendrán a la memoria los plantones anteriores, las esperas amargas y lo más doloroso: la incertidumbre. Algo que te carcome y te deja hecha un trapito, esas eran sus palabras y la voz infantil se le quebraba, como si fuera a terminar en un sollozo, la boca crispada, aunque no pasaba de ahí. Los ojos ribeteados de sombras y kohol se volvían vidriosos; con un breve parpadeo las lágrimas retrocedían. Cierto, nunca la vi llorar.
Sé que la dejaron esperando muchas veces, demasiadas. Y ella tardaba cada vez más en reponerse, en volver a intentar. Barajaba probabilidades, hacía conjeturas sobre los motivos de la desaparición sin explicaciones. Sería por desencanto, indiferencia, crueldad. Simplemente eran ausencias, como quien falta al dentista y se olvida de avisar. Sólo que a ella no la llamaban más. Y se encogía ante el enigma; así se encogerá ahora, en la silla del bar, la mesa repleta de tazas vacías y el cenicero de colillas y servilletas hechas bolitas.
Empezó a bajar la temperatura, ella detesta el invierno, quizás se levante el cuello del abrigo o se envuelva en la bufanda; el frío de afuera se cristalizará con el frío que le sale por la boca, en el aliento tembloroso de miedo. 
Hace un largo rato que pasó la hora fijada. El puntual no vino, lo que significa que tomó la decisión y ya no vendrá. Hay una diferencia: no acaban de conocerse, hay un año de por medio, donde hubo muchas confidencias, entre susurros cómplices o risas que estallaban por cualquier motivo, y manos que entibiaron el cuerpo del otro. El abandono, el desamparo, pertenecían a otra época, a otra mujer.
Sí, es como si la viera, desmoronada en la silla del bar, igual a una marioneta que le cortaron los hilos, sosteniéndose del borde de la mesa, las uñas roídas, la punta de los dedos rojos por la presión.
Las luces del boulevard se encendieron. El bar suele colmarse de gente a esta hora, en el interior cálido el mozo caracolea entre las mesas, haciendo equilibrio con la bandeja.
Ya no espera, ya sabe. Le hablé, parecía no escucharme, iba y venía, acomodaba un adorno, guardaba un libro. Es una crisis —me dijo antes de que me fuera—, el sábado te espero a las cinco en el café de siempre. 
Ahora está ahí, se preguntará porqué, cien veces se lo habrá preguntado. Traté de decírselo.




1.  Pintura de Jordi Diaz Alama
2.  Óleo de Edward Hopper



Encontrarse es el comienzo
de la separación.

Proverbio japonés



52 comentarios:

  1. La historia se repite muchas veces y otras muchas hay tristeza y decepción. Me sorprende el final, es inesperado. Besicos.

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    1. Angelines, es muy grato saber que he generado una sorpresa al final.
      Los que escribimos, siempre tratamos de descolocar al lector.
      Gracias y un abrazo.

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  2. Alguien dijo que se es feliz cuando no se espera nada de nadie, porque toda espera duele.Tu relato expresa el dolor de la espera y de la ausencia de manera magistral.El tiempo , enemigo hostil , cuando la ausencia se instala en nuestro existir.Un cálido abrazo.

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    1. Creo que se sufre más durante la espera, que en el momento de la confirmación definitiva de que lo esperado no se va a dar.
      El tiempo siempre nos juega en contra.
      Gracias Juan, otro abrazo.

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  3. El puntual es un cobarde.
    Y ella no entenderá que dejar de verlo es lo mejor que le podía pasar.
    Vendrán suspiros, lágrimas, melancolías y días grises...
    Una pena.

    Besos.

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    1. Torito, ella sigue repitiendo viejos hábitos y su mayor problema es que no sabe escuchar. O no quiere ver los indicios.
      Muy agradecida por tu presencia toruna en este espacio.
      Besos.

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  4. A veces no aceptamos un no, otras no sabemos decirlo. Saltibrincos

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    1. En el texto están insinuadas las dos cosas. Ella no quiere ver y él tal vez no ha sido lo suficientemente claro.
      Besos y gracias.

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  5. No es fácil tragarse el fracaso...

    Besos

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    1. Claro que no, Pluv, entonces la negación es lo mejor.
      Gracias por estar siempre.
      Abrazote.

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  6. Una Penélope moderna. Pero cuánto reincidimos y cuánto nos volvemos a romper... Un abrazo.

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    1. En cuestión de amores aprender de los errores pasados, es de lo más difícil.
      Un abrazo, Darío.

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  7. Mirella,.... muy bueno. Todo un logro el clima de espera. Quiero decirte que en algun momento, pensé que a quien esperaba era al padre. Me gusta el tiempo futuro en el que das comienzo a la narración, la hace muy interesante.
    Gracias!

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    1. Gracias Flor, proviniendo de vos, profe, es un elogio muy estimulante.
      Me pareció bueno escribirlo desde ese punto de vista y en tiempo futuro, sentí que le agregaba algo distinto a la historia bastante simple de un plantón, previo abandono.
      Besos

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  8. las veces que no son el inicio de algunos sí

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    1. Los plantones en los inicios pueden doler más al ego, pero si siempre te dejan plantada, algo habrá que revisar ¿no?
      Besos.

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  9. No se cansa de esperar? Será el miedo en ese aliento lo que la mantiene estoica?
    Tanto mirar y ni darse cuenta o evitarse.
    Tremendo relato que dice tanto, que dispara para tantos lados.
    Un beso.

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    1. Hay mujeres que no pueden ver las señales del deterioro de una relación, no lo aceptan y, en este caso, tampoco pueden verse a sí mismas. Hay algo que no funciona demasiado si siempre termina pasándole lo mismo.
      Gracias Dana, un beso grande.

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  10. una historia que es reflejo de muchas y muchos que deambulan por calles y boulevares
    una Penélope que se lleva en esencia

    felicitaciones Mirella, hilas muy bien los escenarios tanto externo como internos
    abrazos

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    1. Gracias Elisa. Me interesa tu observación, porque para alguien que narra una historia -por mínima que sea la anécdota- es importante saber que logra una atmósfera, producto de las descripciones del afuera y también de la interioridad del personaje.
      Un abrazote.

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    2. así como las metáforas encierran sensaciones o emociones, la atmósfera narrativa es esencial para desarrollar la trama y a quienes lo representan

      crear un texto narrativo ha de tener un escenario donde transcurre la acción ,pero no solo como adorno, sino parte del mismo conflicto así los personajes no solo serán recordados por su estado anímico sino asociando el objeto o el lugar con ellos, una especie de cordón umbilical potente que potencie la historia toda.

      abrazos

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    3. Elisa, muy buena tu explicación, me ha servido mucho.
      Gracias y abrazo.

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  11. Me ha gustada mucho esa descripción adivinando actitudes.

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    1. Gracias Tracy, como gran lectora que sos, tu comentario lo tengo muy en cuenta.
      Besos.

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  12. Qué combo estupendo, Mirella! Historia, pinturas y proverbio. Pienso en la terquedad del que no quiere escuchar. Del que se empeña apesar de que la realidad le grita en el rostro la verdad... Tu relato me recuerda una frase que me gusta mucho: "Soy absolutamente responsable de lo que digo, pero no soy responsable de lo que tú quieras entender"
    Excelente post, mi amiga! Un abrazo para tí!

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    1. Bee, disfruto preparando cada post y soy bastante obsesiva en eso.
      Me alegra que te haya gustado tanto la presentación como el contenido.
      Y es verdad, a veces entendemos o escuchamos lo que queremos, porque hay miedo, soledad, desvalorización y tantas otras cosas que atan.
      Gracias por pasar y por tan elogioso comentario.
      Besos.

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  13. Mirella preciosa historia, el apurar hasta el límite la espera aún sabiendo que hoy no vendrá, y posiblemente no vuelva pero ella seguirá cada tarde en aquella mesa, matando poco a poco la esperanza.

    Un cálido abrazo,

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    1. Bueno, Sau, continuaste la historia por tu cuenta... jajaja. ¡Muy bien!
      Mi intención fue que la ausencia le tirara abajo la esperanza, pero una vez publicado un texto, después pertenece al lector y allí ya no me entrometo.
      Muchas gracias por tu comentario y tu presencia.
      Un abrazo... más fresco (hoy hace frío)

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  14. Nos hiciste esperar con ella, y adivinar con vos cada gesto anticipado. Para mí es muy interesante esto que lográs al meternos en la piel de tus personajes, te felicito siempre, y no me canso. Abrazo, Mirella.

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    1. Y también para mí es gratificante saber que obtuve el resultado al que apunté. Muy agradecida, Patzy, un fuerte abrazo.

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  15. Me has hecho sufrir con ella y si pudiera le diría; ese puntual no vale la pena, sonríe y vive.
    Una narración impecable. Siempre te lo digo, pero vale la pena decirlo, es un placer leerte.

    mariarosa

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    1. Mariarosa, como escritora sabés muy bien que una de las cosas importantes que debe tener un texto es que conmueva al lector, que se identifique con el personaje.
      Ese es mi objetivo, a veces lo logro más, otras menos, pero siempre -como perfeccionista que soy- trabajo a fondo sobre ese punto.
      Muchas gracias por tus palabras y un abrazo.

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  16. Aceptar la realidad es duro, y siempre hay quien se resiste a ello, Espera tras espera, y valga la redundancia siempre espera el milagro que no llega. En ciertos casos esos puntuales no merecen la pena, y es preferible perder la cita.

    Besos Mirella.

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    1. Y también es bueno hacer un poco de autoanálisis, ella algo debe hacer o generar si se le repite con los hombres siempre el mismo patrón. Él trató de decírselo, ella no supo escuchar.
      Un gran abrazo, Rafa y gracias.

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  17. sos tan gráfica qaue me dolieron las yemas de los dedos y yo no me como las uñas,gran relato Mirella,creo que el estor/a que te lleva al sitio ,es un gran escritor,escritora ,muy bueno

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    1. Me sigo asombrando del efecto de este cuento, que escribí hace unos cuantos años, porque tiene muy poca historia. Sin embargo compruebo que interesan las descripciones, también las más pequeñas, cuando están al servicio del relato.
      Gracias Rosario.

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  18. escritora,debí decir,puse estor,jaja perdón

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  19. Tristes éstos resultados de sometimientos y codependencias.
    A veces un asunto así se define jamás esperando o mostrando debilidad.
    Es como cuando los tiburones huelen sangre y se ensañan.
    Espléndidamente bordado, aunque sostiene ése tono de tristeza e inseguridad.

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    1. Es cierto Carlos, hay personas (tanto mujeres, como hombres) que necesitan estar con alguien para sentir que existen o adquieren importancia.
      En este relato apunto más a mostrar el tema de la ceguera o negación.
      Hay señales, inclusive palabras dichas, pero no son registradas por la protagonista.
      Gracias por la visita y el comentario.
      Saludos.

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  20. ES UNA HISTORIA DE MUCHOS... QUE ESPERAN SIEMPRE EN CUALQUIER LUGAR. EL SER HUMANO ES ASÍ A VECES, NO SE CANSA, NO SE DESILUSIONA... TIENE QUE PASAR DEMASIADO TIEMPO.
    EXCELENTE TEXTO COMO SIEMPRE MIRELLA.
    BESOS

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    1. Creo que nos gusta esperar porque, entre otras cosas, nos cuesta soltar. Estamos aferrados a la esperanza de que algo va a cambiar, aún si los indicios indican lo contrario.
      Gracias, Luján.
      Besos.

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  21. TREMENDAS IMÁGENES!!!!! SÍ QUE SABES CREAR.
    BESOS

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    1. Gracias por la generosidad de tus comentarios.
      ReltiH, un brazo fuerte.

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  22. UN FINAL DE LUJO. Y ADEMÁS MANIFIESTO ESE GRAN DESFILE DE IMAGINES QUE SIEMPRE ME HACES VER EN TUS ESCRITOS.
    ENHORABUENA
    TU FAN
    CARLOS

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    1. Gracias, querido fan. Tu comentario hoy me ha levantado el ánimo.
      Las imágenes se me andan escapando, aunque las corra.
      Carlos, un abrazo.

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    2. JAJAJA PUSE IMAGINES CUANDO ES IMAGENES JAJAJAJA
      UN ERROR DE DEDO
      CARLOS

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    3. Carlos, fijate cómo estoy que no me había dado cuenta... jajaja...
      Saludos.

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  23. Promesas y esperas. Ambos se dañan a sí mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado. Atrapante relato.

    besos

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    1. Más que las promesas, el relato intenta mostrar la negación de la que sigue esperando, a pesar de los indicios que las cosas no van bien.
      Un besos grande y gracias por pasar.

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  24. Hay que ver lo que inspira este Hopper. Yo mismo utilicé este cuadro en mi blog para un poema titulado Del ocaso en los cafés, y después lo he visto ya cuatro o cinco veces. Va a resultar que este tipo escribía por nosotros.
    Respecto al tuyo, ese juego de esperas y vigilancias, que sacas adelante con maestría cambiando de forma alucinante los tiempos verbales, es de por sí, un poema.
    Abracitos.

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    1. Los personajes que pintaba Hopper tienen algo especial, a mí me transmiten la soledad urbana, cierto vacío.
      Usé varios de sus cuadros para ilustrar textos.
      Gracias por la gentileza de tu comentario y un gusto tenerte por aquí.
      Abrazote.

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